Carlton

'Carlton', la obra firmada por el guionista Gabi Beltrán y el dibujante Bartolomé Seguí, representa uno de los ejercicios de narrativa negra y existencialista más depurados del cómic contemporáneo español. Publicada por Astiberri, esta novela gráfica supone el reencuentro de dos autores fundamentales que ya demostraron su sintonía en la premiada *'Historias del barrio'*, pero que aquí abandonan la autoficción para adentrarse en los códigos del género *noir* desde una perspectiva profundamente psicológica y atmosférica.

La historia nos sitúa en una Palma de Mallorca que se aleja drásticamente de las postales luminosas y el bullicio turístico. El escenario principal, que da nombre a la obra, es el Hotel Carlton, un establecimiento que, al igual que su protagonista, vive de las rentas de un pasado más glorioso y se desmorona lentamente bajo el peso de la desidia y el paso del tiempo. El protagonista, Carlton, es un hombre que habita en los márgenes, un personaje cuya vida parece suspendida en un eterno tiempo muerto. No es el detective clásico de gabardina y paso firme, sino un individuo marcado por el cansancio vital, la melancolía y una suerte de resignación ante su propia decadencia.

La trama arranca cuando Carlton recibe el encargo de localizar a una mujer desaparecida. Lo que en manos de otros autores podría haberse convertido en un procedimental de acción o un *thriller* de giros constantes, en manos de Beltrán y Seguí se transforma en un deambular introspectivo. La búsqueda de la mujer es, en realidad, un pretexto narrativo para explorar los rincones más sombríos de la ciudad y, sobre todo, los recovecos de la psique del protagonista. A medida que Carlton recorre calles secundarias, bares de luz escasa y pensiones de mala muerte, el lector se ve sumergido en una atmósfera de soledad compartida.

El guion de Gabi Beltrán destaca por su contención. No hay diálogos accesorios ni sobreexplicaciones. El autor confía en la capacidad del lector para leer entre líneas y entender que, en este universo, lo que no se dice es tan importante como lo que se enuncia. La narrativa avanza a un ritmo pausado, casi hipnótico, permitiendo que el peso de la ciudad y el clima mediterráneo —denso y húmedo— se filtren en cada página. Es una historia de perdedores, pero tratada con una dignidad y una falta de sentimentalismo que la aleja de los clichés del género.

En el apartado visual, Bartolomé Seguí realiza un trabajo magistral que confirma por qué es uno de los grandes maestros del medio. Su dibujo, de trazo seguro pero capaz de captar la fragilidad de los entornos, es el vehículo perfecto para la historia. El uso del color es, quizás, el elemento

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