*Crónicas de la noche de los tiempos* es una de las cumbres narrativas y visuales dentro de la traslación del horror cósmico de H.P. Lovecraft al lenguaje de la historieta. Dibujada por el maestro argentino Horacio Lalia, esta obra no es solo una adaptación fiel, sino una reinterpretación atmosférica que utiliza las herramientas del noveno arte para potenciar la sensación de insignificancia humana frente a la inmensidad del cosmos y el tiempo. El cómic se centra en la traslación de la novela corta *The Shadow Out of Time*, integrándola en una estética gótica y opresiva que define la carrera de su autor.
La trama se articula en torno a la figura de Nathaniel Wingate Peaslee, un respetado profesor de economía política en la Universidad de Miskatonic, en Arkham. La narrativa arranca con un evento disruptivo: en 1908, durante una clase, Peaslee sufre un colapso nervioso que deriva en una amnesia total de su identidad previa. Durante los siguientes cinco años, su cuerpo es habitado por una personalidad extraña, una entidad que muestra un hambre voraz por conocimientos arcanos, historia antigua y ciencias prohibidas, viajando por todo el mundo y consultando libros que la humanidad debería ignorar. Cuando el verdadero Peaslee recupera el control de su cuerpo en 1913, se encuentra con una vida destruida y una mente asediada por pesadillas recurrentes.
El núcleo del cómic explora la investigación de Peaslee para comprender qué ocurrió durante esos años de "ausencia". A través de una estructura de diario y relato epistolar, el protagonista nos guía por un descenso a la locura arqueológica. Sus sueños lo transportan a una ciudad ciclópea, habitada por la Gran Raza de Yith, seres que han dominado el viaje mental a través del tiempo. La obra evita el recurso fácil del susto repentino para centrarse en el horror existencial: la comprensión de que el ser humano es apenas un parpadeo en la historia de la Tierra y que otras razas, mucho más poderosas y ajenas a nuestra moral, han dominado y dominarán el planeta.
Visualmente, el trabajo de Horacio Lalia es magistral. Utilizando un blanco y negro de contrastes violentos, Lalia logra plasmar lo que Lovecraft solo sugería con adjetivos. Su dominio de la "mancha" y el rayado fino crea texturas que evocan piedra milenaria, humedad y decadencia. Las arquitecturas no euclidianas de la ciudad de los Yithianos están representadas con una escala que abruma al lector, utilizando perspectivas forzadas que generan una sensación de vértigo constante. El diseño de las criaturas huye de lo antropomórfico, respetando la visión alienígena del material original, pero dotándolas de una fisicidad que las hace sentir peligrosamente reales.
El ritmo de la obra es deliberadamente pausado, construyendo la tensión de manera incremental. Lalia utiliza la composición de página para alternar entre la claustrofobia de los despachos de Arkham y la vastedad desoladora del desierto australiano, donde culmina la búsqueda de Peaslee. No hay concesiones al heroísmo; el protagonista es un observador pasivo de una verdad que lo supera, y el dibujo refleja esa fragilidad mediante el uso de sombras que parecen devorar a los personajes en cada viñeta.
En conclusión, *Crónicas de la noche de los tiempos* se erige como una pieza fundamental para entender la relación entre la literatura de terror y el cómic de autor. Es una obra que no busca modernizar el mito, sino capturar su esencia más pura: el miedo a lo desconocido y la certeza de que el conocimiento absoluto solo conduce a la aniquilación de la psique. Para el lector, este cómic no es solo una lectura, sino una experiencia inmersiva en un pasado abismal que desafía toda lógica humana.