Ghostbusters – Cazafantasmas Vol 1 – IDW

La etapa de IDW Publishing con los Cazafantasmas, que se inició formalmente en 2011, es considerada por la crítica y los aficionados como la continuación definitiva y más respetuosa de la franquicia original. El primer volumen, titulado originalmente *The Man from the Mirror* (recopilando los números 1 al 4 de la serie regular), marca el inicio de una era dorada bajo la batuta creativa del guionista Erik Burnham y el dibujante Dan Schoening. Este tomo no solo recupera el espíritu de las películas de 1984 y 1989, sino que expande el universo de la franquicia con una profundidad que los medios audiovisuales no habían explorado hasta ese momento.

La narrativa se sitúa cronológicamente después de los eventos de las dos primeras películas, presentando a un equipo consolidado y plenamente operativo en la ciudad de Nueva York. La trama arranca con un enfoque introspectivo centrado en Ray Stantz, quien sufre una serie de pesadillas recurrentes relacionadas con una entidad oscura y un pacto del pasado que involucra a Gozer el Gozeriano. Estos sueños no son meras proyecciones del subconsciente, sino el preludio de una nueva amenaza sobrenatural que comienza a manifestarse en la Gran Manzana, obligando a los Cazafantasmas a enfrentarse a fuerzas que desafían incluso sus conocimientos científicos más avanzados.

Uno de los mayores logros de este volumen es la caracterización. Erik Burnham demuestra un oído absoluto para los diálogos, logrando que el lector escuche las voces de Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis y Ernie Hudson en cada viñeta. Peter Venkman mantiene su cinismo encantador y su desapego profesional; Egon Spengler sigue siendo el ancla lógica y científica del grupo; Ray Stantz aporta el entusiasmo casi infantil por lo oculto; y Winston Zeddemore actúa como la voz de la razón y el hombre común que mantiene al equipo unido. La dinámica entre ellos es orgánica y fluye con la misma química que los hizo icónicos en la gran pantalla.

A nivel argumental, el cómic evita caer en la repetición de fórmulas nostálgicas vacías. Si bien hay constantes referencias al lore de la saga, el guion introduce nuevos elementos en la mitología de los Cazafantasmas. La historia se aleja del simple "monstruo de la semana" para construir una trama horizontal que explora las consecuencias de trabajar en el negocio de la eliminación de entidades ectoplásmicas. La aparición de un misterioso "hombre del espejo" sirve como motor de misterio, elevando las apuestas personales para el equipo y sugiriendo que el pasado nunca queda enterrado del todo cuando se trata de dimensiones espirituales.

El apartado visual de Dan Schoening es, sin duda, el sello distintivo de esta etapa. Schoening no opta por un realismo fotográfico, sino por un estilo estilizado, dinámico y ligeramente caricaturesco que captura la esencia de los actores sin perder expresividad. Su diseño de fantasmas es imaginativo y aterrador a partes iguales, bebiendo tanto de la estética de las películas como de la serie animada *The Real Ghostbusters*. Además, cada página está plagada de "Easter eggs" y detalles ocultos que recompensan al lector atento, desde referencias a la cultura pop de los 80 hasta guiños a otros productos de la franquicia. El color de Luis Antonio Delgado complementa perfectamente este estilo, utilizando una paleta vibrante que resalta el brillo de los rayos de protones y la atmósfera neblinosa de las apariciones.

Este primer volumen de IDW establece las bases de lo que sería una de las series licenciadas más longevas y exitosas del mercado estadounidense. No se limita a ser un producto de merchandising, sino que se reivindica como una pieza esencial del canon para cualquier seguidor. La obra logra equilibrar la comedia inteligente, la pseudociencia fascinante y los toques de horror sobrenatural, manteniendo siempre el enfoque en la camaradería de sus protagonistas. En definitiva, *Ghostbusters Vol. 1* es la puerta de entrada a una expansión necesaria y brillante de un universo que, en el papel, encontró la libertad creativa que el cine a veces restringe. Es una lectura obligatoria que entiende que los Cazafantasmas no son solo un logo, sino un grupo de científicos trabajadores enfrentándose a lo imposible con tecnología casera y mucho sarcasmo.

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