Los Vagamundos

Los Vagamundos, con guion de Rodolfo Santullo y dibujos de Jok, es una de las propuestas más sólidas y fascinantes de la narrativa gráfica rioplatense contemporánea. Esta obra se aleja de los tropos convencionales del género de aventuras para sumergir al lector en un universo que amalgama la ciencia ficción distópica, el *weird western* y el relato de supervivencia, construyendo una mitología propia que se siente tan vasta como desoladora.

La premisa nos sitúa en un mundo fragmentado, un territorio que parece haber sobrevivido a un cataclismo olvidado o que, quizás, simplemente se rige por leyes físicas y sociales distintas a las nuestras. En este escenario, seguimos a un grupo heterogéneo de personajes —los Vagamundos del título— que transitan una geografía hostil y cambiante. No son héroes en el sentido tradicional, ni buscan salvar el mundo; su motor principal es el tránsito, la búsqueda de un destino que a menudo parece más una necesidad existencial que un punto geográfico concreto.

El guion de Santullo destaca por su capacidad para dosificar la información. No hay largas exposiciones que expliquen el origen de este mundo; en su lugar, el lector descubre las reglas de la realidad a través de las acciones y los diálogos de los protagonistas. Esta técnica de *world-building* orgánico permite que el entorno se sienta vivo y peligroso. La narrativa se estructura a través del viaje, un recurso clásico que aquí sirve para explorar temas como la lealtad, la pérdida de la identidad y la persistencia del espíritu humano frente a lo desconocido. Los personajes están definidos por sus silencios y sus reacciones ante lo insólito, lo que otorga a la obra una pátina de melancolía y realismo sucio.

En el apartado visual, el trabajo de Jok es fundamental para dotar de identidad a la obra. Su estilo, caracterizado por un trazo dinámico y un uso expresivo de las sombras, es ideal para retratar la aridez de los paisajes y la extrañeza de las criaturas y tecnologías que pueblan el relato. Jok logra que el entorno sea un personaje más: los desiertos infinitos, las ruinas de civilizaciones incomprensibles y los cielos cargados de una atmósfera opresiva están representados con una riqueza de texturas que invita a la contemplación. El diseño de personajes es igualmente notable, logrando que cada integrante del grupo sea visualmente distintivo y que su apariencia cuente una historia de desgaste y resistencia.

Uno de los mayores aciertos de Los Vagamundos es su ritmo. La historia alterna momentos de una calma tensa, donde el peso del paisaje y la introspección dominan la página, con secuencias de acción crudas y cinéticas. La química entre el guionista y el dibujante es evidente; hay una confianza absoluta en la capacidad de la imagen para narrar sin necesidad de apoyo textual excesivo, permitiendo que las composiciones de página y el lenguaje puramente visual lleven el peso de la trama en los momentos clave.

La obra también destaca por su manejo de la "extrañeza". A lo largo del camino, los protagonistas se encuentran con fenómenos y sociedades que desafían la lógica, pero que dentro del ecosistema del cómic resultan coherentes. Esta coherencia interna es lo que permite que el lector se mantenga anclado a la historia a pesar de lo fantástico de las situaciones. No se trata de un viaje lineal hacia una meta clara, sino de una exploración de la condición de paria en un mundo que ha dejado de tener un centro.

En conclusión, Los Vagamundos es un cómic que exige una lectura atenta y que recompensa con una atmósfera inmersiva y una narrativa de gran calado emocional. Es una reflexión sobre el movimiento como única forma de supervivencia y sobre cómo, incluso en los entornos más desolados, los vínculos humanos —por frágiles que sean— siguen siendo el único mapa posible. Santullo y Jok han creado una pieza imprescindible que demuestra la madurez y la potencia creativa de la historieta actual, evitando los fuegos artificiales para centrarse en la potencia de una buena historia bien contada.

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