En el vasto y despiadado escenario del Viejo Oeste, donde la ley se escribe con plomo y el polvo suele borrar el rastro de los pecados, surge una propuesta narrativa que desafía las convenciones del género: *Saloon*. Esta obra, concebida integralmente por el autor Oliver Villard, no es simplemente una historia de vaqueros y duelos al sol; es una incursión visceral en el horror metafísico, el surrealismo y la fantasía oscura, consolidándose como una pieza de culto dentro del panorama del cómic contemporáneo.
La trama nos sitúa en un desierto implacable, un "no-lugar" donde la geografía parece obedecer a leyes distintas a las de la realidad física. En el centro de este vacío absoluto se alza el Saloon, una estructura de madera crujiente que funciona como el eje gravitacional de toda la obra. Este edificio no es un refugio para el viajero cansado, sino un punto de convergencia, un purgatorio donde las almas perdidas, los monstruos de pesadilla y los forajidos sin redención se ven obligados a coexistir. El Saloon actúa como un personaje en sí mismo: respira, observa y atrapa a quienes cruzan su umbral.
El protagonista, un hombre marcado por un pasado que el lector debe reconstruir a través de silencios y miradas cargadas de pesadumbre, llega a este establecimiento buscando algo más que una bebida para calmar la sed. A medida que se adentra en el local, la narrativa abandona rápidamente el realismo sucio del western tradicional para abrazar una atmósfera onírica y perturbadora. El Saloon es un microcosmos donde el tiempo se dilata y los espejos devuelven reflejos que no pertenecen a este mundo, obligando a los presentes a enfrentarse a sus propias aberraciones internas.
Los personajes secundarios que pueblan la barra y las mesas de juego no son meros figurantes. Cada uno de ellos representa una faceta de la decadencia humana o una manifestación de lo sobrenatural. Villard utiliza a estos individuos para explorar temas universales como la culpa, la inevitabilidad del destino y la búsqueda de una redención que parece siempre fuera de alcance. El barman, las figuras sombrías que acechan en los rincones y las criaturas grotescas que merodean en la periferia del desierto componen un bestiario que recuerda a las pesadillas de Lovecraft trasladadas a la frontera estadounidense.
Visualmente, *Saloon* es una experiencia abrumadora y cruda. El estilo artístico de Villard se caracteriza por un trazo nervioso y cargado de texturas, donde el uso magistral del claroscuro define la narrativa. El dibujo no busca la limpieza estética ni la proporción académica, sino la expresividad emocional máxima. Las sombras en este cómic no solo ocultan peligros, sino que parecen tener vida propia, devorando los contornos de los personajes y acentuando una sensación de claustrofobia constante, a pesar de la inmensidad del desierto exterior. La composición de las viñ