24: Nightfall no es simplemente un producto derivado para los entusiastas de la serie de televisión de Fox; es una pieza fundamental de la arquitectura narrativa que sostiene el mito de Jack Bauer. Publicado por IDW Publishing, este cómic se posiciona como una precuela indispensable que arroja luz sobre el evento más mencionado y menos visto de la primera temporada de la serie: la fatídica "Operación Nightfall". Para cualquier lector que busque entender la génesis del hombre que sacrificó su alma por la seguridad nacional, esta obra ofrece el contexto táctico y emocional que la televisión solo pudo sugerir a través de diálogos cargados de remordimiento.
La trama nos transporta años antes de los eventos del "Día 1", situándonos en el volátil escenario de los Balcanes a finales de los años 90. El guion, a cargo de J.C. Vaughn y Mark L. Haynes, se aleja de los pasillos tecnológicos de la CTU (Unidad Contra el Terrorismo) para sumergirnos en el barro y la pólvora de una operación encubierta de alto riesgo. El objetivo es Victor Drazen, un criminal de guerra serbio cuya influencia amenaza la estabilidad internacional. Sin embargo, lo que comienza como una misión de eliminación quirúrgica autorizada por un comité secreto en Washington —encabezado por un joven e idealista senador llamado David Palmer— pronto se convierte en un descenso a los infiernos de la ambigüedad moral y el sacrificio personal.
En el centro de la narrativa encontramos a un Jack Bauer que todavía no es el lobo solitario endurecido que el público conoce. Aquí, Jack es un operador de élite, un líder de equipo que confía plenamente en sus hombres y en la cadena de mando. El cómic explora con precisión la dinámica de su unidad de fuerzas especiales, mostrando las habilidades tácticas que más tarde lo convertirían en una leyenda. A través de las páginas, somos testigos de cómo se forjan los lazos de lealtad que, años después, se verían trágicamente puestos a prueba. La historia no solo se centra en la acción, sino en el peso psicológico de las decisiones tomadas bajo presión extrema, donde cada segundo cuenta, respetando la esencia de "tiempo real" que caracteriza a la franquicia, aunque adaptada al ritmo secuencial del noveno arte.
El apartado visual, liderado por el dibujo de Jean Diaz, opta por un realismo sucio y cinético. Diaz logra capturar la fisonomía de Kiefer Sutherland sin caer en la rigidez de un calco fotográfico, permitiendo que el personaje exprese una vulnerabilidad que rara vez se le permite en pantalla. El uso de las sombras y la composición de las viñetas refuerzan la sensación de claustrofobia y peligro constante, trasladando al lector desde los bosques sombríos de Serbia hasta los centros de mando donde se deciden los destinos de naciones enteras. La paleta de colores apoya esta atmósfera, utilizando tonos fríos y desaturados que subrayan la naturaleza sombría de la misión.
Uno de los mayores aciertos de 24: Nightfall es cómo maneja la figura de Victor Drazen. Lejos de ser un villano de cartón piedra, el cómic establece su peligrosidad y el carisma oscuro que lo rodea, justificando por qué el gobierno de los Estados Unidos consideró necesario enviar a su mejor equipo para borrarlo del mapa. La obra también profundiza en las ramificaciones políticas de la operación, mostrando que las manos de quienes dan las órdenes rara vez están limpias, un tema recurrente en la saga que aquí encuentra su punto de origen.
Sin caer en el *spoiler*, es vital mencionar que el cómic cierra el círculo de manera magistral, conectando los puntos con el inicio de la serie de televisión de una forma que enriquece las visualizaciones posteriores del programa. Al terminar la lectura, el lector comprende que la tragedia de Jack Bauer no comenzó con el secuestro de su familia, sino en las montañas de Belgrado, cuando la línea entre el deber y la venganza se borró por primera vez. 24: Nightfall es, en definitiva, un ejercicio de narrativa militar y de espionaje que cumple con creces su función: expandir un universo icónico manteniendo la tensión, la urgencia y la complejidad ética que convirtieron a Jack Bauer en un icono cultural del siglo XXI. Es una lectura obligatoria para entender que, antes de que el reloj empezara a marcar los segundos en Los Ángeles, hubo una noche en los Balcanes que lo cambió todo para siempre.