Radford, la obra integral escrita e ilustrada por el autor español Eduardo Ocaña, se erige como una pieza fundamental dentro del panorama del cómic europeo contemporáneo, fusionando con maestría los códigos del *noir* más clásico con una ciencia ficción distópica de corte ciberpunk. Publicada originalmente para el mercado francobelga y posteriormente editada en España, esta novela gráfica nos sumerge en una visión perturbadora y meticulosamente construida del futuro cercano, donde la tecnología y la deshumanización caminan de la mano.
La historia se sitúa en el Londres del año 2045. Sin embargo, no estamos ante la capital británica que conocemos, sino ante una megalópolis asfixiante, dominada por una estratificación social extrema y el control absoluto de las grandes corporaciones. En este escenario, el progreso tecnológico no ha servido para liberar al individuo, sino para perfeccionar los mecanismos de vigilancia y explotación. La ciudad se presenta como un personaje en sí mismo: un laberinto de acero, lluvia persistente y luces de neón que ocultan la podredumbre moral de sus habitantes.
El protagonista que da nombre a la obra, Radford, es un investigador de élite que trabaja para "La Compañía", el conglomerado empresarial que ejerce el poder de facto en la sombra. Radford no es el típico héroe de acción; es un hombre pragmático, cínico y profundamente eficiente, cuya labor principal consiste en resolver problemas internos de la corporación y mantener el *statu quo*. Su posición le otorga privilegios, pero también lo convierte en un engranaje consciente de una maquinaria despiadada. Es un personaje que se mueve en las zonas grises, aceptando la amoralidad de su entorno como una condición necesaria para la supervivencia.
El motor narrativo se pone en marcha cuando Radford recibe el encargo de localizar a una joven desaparecida. Lo que en principio parece un caso rutinario de búsqueda de personas —un "asunto doméstico" dentro de las altas esferas corporativas— pronto comienza a revelar ramificaciones mucho más profundas y peligrosas. A medida que el protagonista tira del hilo, la trama se expande para cuestionar los cimientos mismos de la sociedad en la que vive. La desaparición de la chica no es un evento aislado, sino el síntoma de una conspiración que involucra experimentos biotecnológicos, manipulación de la memoria y la búsqueda de una trascendencia que la humanidad parece haber perdido.
Uno de los puntos fuertes de la obra es su construcción de mundo (*world-building*). Ocaña no se limita a presentar gadgets futuristas; explora las implicaciones sociopolíticas de una era donde la identidad es un bien comercializable. El cómic aborda temas de una vigencia abrumadora: la pérdida de la privacidad, la ética en la inteligencia artificial y la brecha insalvable entre una élite transhumanista y una masa social empobrecida y alienada.
Visualmente, *Radford* es un despliegue de talento técnico. Eduardo Ocaña utiliza un estilo que bebe de la tradición de la "línea clara" europea, pero dotándola de una textura y un volumen modernos. Su dibujo es extremadamente detallado, especialmente en la arquitectura urbana y el diseño de tecnología, lo que otorga una verosimilitud asombrosa al relato. El uso del color es narrativo: predominan las paletas frías, los grises industriales y los azules eléctricos, que refuerzan la sensación de aislamiento y frialdad emocional que impregna la vida del protagonista. La narrativa visual es fluida, con una composición de página que sabe alternar entre momentos de introspección silenciosa y secuencias de tensión contenida.
En definitiva, *Radford* es un *thriller* futurista que evita los clichés más manidos del género para ofrecer una reflexión madura sobre hacia dónde se dirige nuestra civilización. Es una lectura imprescindible para los amantes de la ciencia ficción especulativa y del género negro, destacando por su capacidad para mantener el suspense mientras disecciona, con la precisión de un bisturí, las sombras de un futuro que se siente incómodamente cercano. Sin necesidad de recurrir a artificios innecesarios, la obra se sostiene sobre una trama sólida y una atmósfera envolvente que atrapa al lector desde la primera viñeta.