Sol de Noche, la obra gestada por la dupla creativa compuesta por el guionista Guillermo Saccomanno y el dibujante Francisco Solano López, representa uno de los hitos más densos y significativos de la historieta argentina de finales de los años 80 y principios de los 90. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Fierro*, esta obra se inscribe en una tradición que amalgama el género negro con la ciencia ficción distópica, pero siempre con un pie firmemente anclado en la realidad sociopolítica del Cono Sur.
La trama se sitúa en una urbe que, aunque no siempre se nombre de forma explícita, respira la atmósfera de una Buenos Aires asfixiante, nocturna y decadente. El relato sigue los pasos de un protagonista que encarna el arquetipo del investigador o periodista de tintes *hard-boiled*, quien se ve arrastrado a una búsqueda que trasciende lo meramente policial. La premisa arranca con una desaparición, un motor narrativo clásico que sirve de excusa para que los autores desplieguen una cartografía del horror urbano y la corrupción institucional.
El título, Sol de Noche, hace referencia directa a la lámpara de queroseno utilizada en lugares sin electricidad, un objeto que proyecta una luz intensa pero limitada, rodeada siempre por una oscuridad voraz. Esta es la metáfora central del cómic: la búsqueda de la verdad en un entorno donde la luz es artificial, precaria y a menudo peligrosa. A medida que el protagonista avanza en su investigación, se topa con una conspiración que involucra experimentos científicos, manipulación de la memoria y una estructura de poder que opera en las sombras, heredera directa de los mecanismos de control de las dictaduras militares.
Desde el punto de vista narrativo, Saccomanno construye un guion seco, de diálogos cortantes y reflexiones existencialistas. No hay espacio para el heroísmo tradicional; los personajes son seres golpeados, cínicos y supervivientes que se mueven por un laberinto de traiciones. La historia no solo busca resolver un misterio, sino que funciona como una autopsia de una sociedad que intenta lidiar con sus traumas recientes —los desaparecidos, la tortura y el silencio cómplice— bajo el barniz de una modernidad fallida.
El apartado visual de Francisco Solano López es, sencillamente, magistral y fundamental para entender la obra. El dibujante de *El Eternauta* abandona aquí cualquier rastro de la épica de la resistencia para sumergirse en un naturalismo sucio y expresionista. Su uso del claroscuro es asfixiante; las sombras no son solo ausencia de luz, sino una presencia física que parece manchar a los personajes. Solano López logra capturar la decrepitud de los edificios, la humedad de las calles y la desesperanza en los rostros con una línea cargada de tinta que refuerza la sensación de encierro. Su capacidad para diseñar una tecnología futurista que parece vieja y remendada contribuye a crear esa atmósfera de "futuro pasado" tan característica de la obra.
La estructura de la historieta evita los giros efectistas para centrarse en la construcción de una tensión constante. El lector acompaña al protagonista en un descenso a los infiernos donde la línea entre las víctimas y los victimarios se vuelve borrosa. Los temas de la identidad perdida y la recuperación de la memoria histórica son tratados a través de elementos de la ciencia ficción, como el control mental o la vigilancia panóptica, lo que permite a los autores hablar de la realidad argentina sin caer en el panfleto, utilizando el género como un espejo deformante pero revelador.
En conclusión, Sol de Noche es una pieza clave para entender la evolución del cómic adulto en español. Es una obra que exige una lectura atenta, que no ofrece concesiones al lector y que destaca por su capacidad para hibridar el género negro con la denuncia política. La sinergia entre la prosa descarnada de Saccomanno