La adaptación al cómic de la trilogía de precuelas de Star Wars (Episodios I, II y III) constituye un ejercicio fundamental de traslación narrativa que expande y sintetiza la caída de la República Galáctica y el ascenso de Darth Vader. Publicadas originalmente por Dark Horse Comics (y posteriormente recopiladas por Marvel y Panini), estas obras no son meras reproducciones fotogramáticas, sino reinterpretaciones visuales que aprovechan el lenguaje del noveno arte para profundizar en la mitología de George Lucas.
El arco comienza con La Amenaza Fantasma, adaptada por el guionista Henry Gilroy y el dibujante Rodolfo Damaggio. En este primer bloque, el cómic establece un tono de aventura clásica y descubrimiento. La narrativa visual se centra en la burocracia corrupta del Senado Galáctico y el hallazgo de Anakin Skywalker en el remoto Tatooine. El dibujo de Damaggio destaca por su limpieza y claridad, logrando capturar la estética vibrante de Naboo y la tecnología analógica de la época. El cómic gestiona con maestría el ritmo de la carrera de vainas y el duelo final, utilizando la composición de viñetas para enfatizar la velocidad y la coreografía que, en el cine, dependían del montaje acelerado.
La transición hacia El Ataque de los Clones supone un cambio drástico tanto en la trama como en el apartado artístico. Aquí, la labor recae en Jan Duursema, una de las artistas más influyentes en la historia de los cómics de Star Wars. Su estilo, más detallado y sombrío, encaja perfectamente con una trama que vira hacia el cine negro y la intriga política. El cómic explora la madurez de Anakin como Padawan y su prohibido romance con Padmé Amidala, pero es en la representación de los bajos fondos de Coruscant y las llanuras de Geonosis donde el medio gráfico brilla. Duursema utiliza sombras densas y un diseño de personajes más expresivo para subrayar la inestabilidad emocional del protagonista y el inicio de un conflicto a escala galáctica que cambiará el destino de la Orden Jedi.
El clímax llega con la adaptación de La Venganza de los Sith, escrita por Christopher Moore e ilustrada por Doug Wheatley. Esta entrega es, posiblemente, una de las mejores adaptaciones cinematográficas al cómic jamás realizadas. El arte de Wheatley roza el fotorrealismo, capturando con una precisión asombrosa la angustia en los rostros de los personajes y la escala épica de las batallas espaciales. El guion se beneficia de la capacidad del cómic para introducir pausas dramáticas que en el cine son fugaces. La caída de Anakin hacia el Lado Oscuro se narra con una solemnidad casi operística. El uso del color y el entintado refuerza la atmósfera de tragedia inevitable, centrándose en la dualidad entre la luz de la democracia que muere y la oscuridad del Imperio que nace.
Desde una perspectiva técnica, esta trilogía en cómic ofrece ventajas narrativas únicas. Al no estar limitada por el tiempo de metraje, la obra permite una introspección mayor a través de los cuadros de texto, ofreciendo matices sobre las motivaciones de los Sith y la ceguera de los Jedi. Además, los artistas tienen la libertad de reinterpretar ángulos de cámara y diseños que, en ocasiones, ofrecen una visión más rica de los mundos visitados, como Utapau o Mustafar.
En resumen, el cómic de los Episodios I, II y III es una pieza de coleccionista esencial que sirve como puente entre el cine y el universo expandido. Es una obra que respeta el material original mientras explota las herramientas propias de la narrativa gráfica —el encuadre, el ritmo de lectura y el detalle estático— para ofrecer una visión cohesiva, oscura y visualmente impactante de la transformación de Anakin Skywalker y el fin de una era de paz en la galaxia. Una lectura obligatoria para entender la magnitud del conflicto que define toda la saga.