Dentro del vasto ecosistema de la historieta argentina, y más específicamente bajo el sello de la Colección Woodiana de Editorial Columba, "Man" se erige como una de las propuestas de ciencia ficción y aventura más introspectivas y visualmente potentes de su época. Escrita por Theo Lacruz y dibujada por el maestro Alberto Luis Caruso, esta obra se aleja de los convencionalismos del género para ofrecer una meditación sobre la supervivencia, la evolución y la esencia de lo humano en un entorno hostil.
La premisa de "Man" nos sitúa en un futuro indeterminado, en una Tierra que ha dejado de ser el hogar acogedor de la civilización tal como la conocemos. El mundo ha sufrido una transformación radical, convirtiéndose en un escenario post-apocalíptico donde los restos de la tecnología antigua conviven con una naturaleza salvaje y mutada. En este contexto surge el protagonista, conocido simplemente como "Man". No es un héroe al uso, sino un ser que representa el siguiente paso —o quizás el último— de la escala evolutiva. Poseedor de una fuerza, agilidad e inteligencia superiores, Man es un individuo creado o adaptado para un mundo que ya no reconoce a sus antiguos amos.
La narrativa de Theo Lacruz se estructura de forma episódica, siguiendo el deambular errante del protagonista a través de páramos desolados, ciudades en ruinas y comunidades que intentan reconstruir algún tipo de orden social sobre las cenizas del pasado. A diferencia de otras obras de la línea Woodiana, donde el diálogo y la interacción social son el motor de la trama, en "Man" predomina el silencio y la observación. El guion se apoya fuertemente en los monólogos internos y en la capacidad del entorno para contar su propia historia de decadencia. Man es un observador externo, un filósofo de la acción que se ve obligado a intervenir en conflictos ajenos, no por un sentido de justicia heroica tradicional, sino por una curiosidad antropológica y un instinto de preservación que lo empuja a entender qué queda de "humanidad" en los seres que encuentra.
El apartado gráfico de Alberto Luis Caruso es, sin lugar a dudas, el pilar que sostiene la atmósfera de la obra. Caruso utiliza un estilo realista, caracterizado por un uso magistral de las sombras y el claroscuro, lo que dota a las páginas de una profundidad cinematográfica. Su diseño de personajes es impecable: Man posee una presencia física imponente pero cargada de una melancolía palpable en su mirada. Los paisajes, por otro lado, no son meros fondos; son personajes en sí mismos. Caruso logra transmitir la textura del metal oxidado, la densidad de la vegetación invasiva y la vastedad de los cielos vacíos, creando una sensación de aislamiento que envuelve al lector desde la primera viñeta.
Uno de los puntos más interesantes de la obra es el tratamiento de la alteridad. A lo largo de sus viajes, Man se topa con diversas facciones: desde tribus que han regresado a un estado primitivo de barbarie, hasta enclaves que intentan preservar el conocimiento científico a cualquier costo, a menudo perdiendo su ética en el proceso. El cómic explora temas como la ingeniería genética, el colapso ecológico y la fragilidad de la memoria histórica. Man funciona como un espejo; su perfección física y mental resalta las carencias y las bajezas de aquellos que aún se aferran a las viejas formas de poder.
En conclusión, "Man" es una pieza fundamental para entender la evolución de la historieta de género en el Cono Sur durante las décadas de su publicación. Lacruz y Caruso lograron crear un relato que, si bien cumple con las cuotas de acción y aventura exigidas por el formato de las revistas de la época (como *D'artagnan* o *Nippur Magnum*), se atreve a proponer una visión existencialista del futuro. Es una obra despojada de artificios innecesarios, centrada en la figura de un hombre que busca su lugar en un mundo que ya no tiene nombre para él. Una lectura imprescindible para quienes buscan una ciencia ficción adulta, visualmente deslumbrante y narrativamente sobria.