Ahorcado, la obra de Lorenzo Montatore publicada por Astiberri, se erige como una de las propuestas más singulares, perturbadoras y visualmente magnéticas del panorama del cómic contemporáneo español. En esta pieza, Montatore no solo consolida su estilo gráfico inconfundible, sino que profundiza en una narrativa existencialista que utiliza el humor negro y el surrealismo para explorar los rincones más oscuros de la psique humana y la inevitabilidad de la finitud.
La premisa de la obra nos sitúa ante un protagonista que encarna la literalidad del título: un hombre que, con una soga al cuello, transita por un entorno que bascula entre lo onírico y lo pesadillesco. No estamos ante una narrativa lineal convencional, sino ante un deambular metafísico. El personaje central se desplaza por un escenario despojado de las reglas de la lógica física, un limbo donde el tiempo parece haberse detenido o, al menos, haber perdido su capacidad de dictar el orden de los acontecimientos. A través de este "vía crucis" particular, el autor nos invita a ser testigos de una serie de encuentros y situaciones que funcionan como espejos deformantes de la realidad cotidiana.
Desde el punto de vista temático, Ahorcado es una reflexión cruda sobre la depresión, el aislamiento y la búsqueda de sentido en un mundo que a menudo se presenta como un vacío hostil. Montatore utiliza la figura del ahorcado no solo como un símbolo de la muerte inminente, sino como una metáfora de la parálisis vital. El protagonista está atrapado en un estado de suspensión, ni plenamente vivo ni completamente muerto, obligado a interactuar con una galería de personajes secundarios que oscilan entre lo grotesco y lo tierno. Estos encuentros sirven para desgranar conceptos como la culpa, el arrepentimiento y la futilidad del esfuerzo humano, pero siempre bajo el prisma de un ingenio afilado que evita que la obra caiga en el nihilismo absoluto.
Visualmente, el cómic es un prodigio de síntesis y expresividad. Montatore bebe directamente de la tradición de la Escuela Bruguera y de autores clásicos del *cartoon* estadounidense, pero subvierte estos códigos para crear algo radicalmente nuevo. Sus personajes, de formas redondeadas y estéticas aparentemente infantiles, contrastan violentamente con la carga trágica de la trama. El uso del color en Ahorcado es fundamental: paletas vibrantes y saturadas que, lejos de suavizar el impacto de la historia, acentúan la sensación de extrañeza y malestar. El dibujo no busca el realismo, sino la transmisión de una atmósfera; cada viñeta está cargada de un simbolismo que exige una lectura atenta y activa por parte del lector.
La estructura del cómic es episódica, casi fragmentaria, lo que refuerza la sensación de desorientación del protagonista. Cada capítulo funciona como una estación en este descenso a los infiernos personal, donde el diálogo —a menudo lacónico y cargado de dobles sentidos— juega un papel crucial. Montatore demuestra una maestría absoluta en el manejo del ritmo narrativo, alternando silencios prolongados con ráfagas de verborrea que capturan perfectamente la ansiedad del pensamiento obsesivo.
En definitiva, Ahorcado es una obra que se sitúa en la intersección entre el esperpento de Valle-Inclán y la vanguardia del cómic underground. Es una exploración valiente de los límites del lenguaje visual para narrar lo inenarrable: el peso de la existencia y la sombra de la propia desaparición. Sin recurrir a sentimentalismos ni a soluciones fáciles, Lorenzo Montatore entrega un cómic que es, a la vez, un artefacto artístico de gran belleza y un testimonio desgarrador sobre la condición humana. Es una lectura imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una experiencia que trascienda el mero entretenimiento y se adentre en los territorios de la filosofía y la introspección más pura.