Río Veneno (*Poison River*), escrita e ilustrada por Gilbert Hernandez, es una de las obras más ambiciosas, densas y complejas de la narrativa gráfica contemporánea. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Love and Rockets* y posteriormente recopilada como una novela gráfica autoconclusiva, esta obra constituye la piedra angular para comprender el universo de Palomar, aunque su tono y alcance se alejan del costumbrismo mágico para adentrarse en los terrenos del *noir* épico y el drama sociopolítico.
La trama funciona como una precuela monumental que narra los orígenes de Luba, uno de los personajes más icónicos de la saga. Sin embargo, reducirla a una simple biografía sería un error. La historia comienza con el nacimiento de Luba en una nación latinoamericana sin nombre, marcada por la inestabilidad y la desigualdad, y se extiende a lo largo de varias décadas, trazando un mapa de corrupción que conecta los estratos más bajos de la sociedad con las altas esferas del poder político y el crimen organizado.
Desde las primeras páginas, Hernandez establece un tono implacable. La narrativa sigue el rastro de María, la madre de Luba, cuya belleza y ambición desencadenan una serie de eventos catastróficos que marcarán el destino de su hija. A medida que Luba crece, el lector es testigo de su transformación: de una niña vulnerable atrapada en un entorno hostil a una mujer de una fortaleza inquebrantable, forjada por la necesidad de supervivencia. El "río" al que hace referencia el título es una metáfora de la herencia tóxica, la violencia sistémica y los secretos familiares que fluyen de generación en generación, contaminando todo a su paso.
El guion de Gilbert Hernandez es un prodigio de orfebrería narrativa. La estructura es laberíntica, poblada por una galería inmensa de personajes secundarios —gánsteres, políticos corruptos, travestis, músicos y espías— cuyas vidas se entrelazan de manera orgánica pero vertiginosa. El autor no ofrece concesiones al lector casual; la densidad de la trama exige una atención absoluta, ya que un detalle aparentemente insignificante en un capítulo puede cobrar una relevancia vital cien páginas después. Esta complejidad permite que la obra trascienda el género del cómic para situarse a la altura de las grandes novelas de la literatura latinoamericana del siglo XX.
Visualmente, *Río Veneno* muestra a un Hernandez en la cima de sus facultades. Su estilo, caracterizado por un blanco y negro de alto contraste, utiliza una puesta en escena cinematográfica que alterna entre primeros planos cargados de expresividad y composiciones de página abigarradas que reflejan el caos del entorno urbano y la claustrofobia de la intriga política. El diseño de personajes es magistral, logrando que cada figura sea instantáneamente reconocible a pesar de la vastedad del reparto, y su capacidad para narrar el paso del tiempo a través de los rasgos físicos es asombrosa.
Temáticamente, la obra explora la pérdida de la inocencia, la identidad de género, la maternidad como carga y motor, y la imposibilidad de escapar del pasado. Hernandez disecciona los mecanismos del poder y cómo estos trituran al individuo, especialmente a las mujeres, quienes deben navegar en un mundo diseñado por y para hombres violentos. A pesar de la crudeza de muchas de sus secuencias, el cómic mantiene una humanidad vibrante, evitando el nihilismo gratuito gracias a la vitalidad de su protagonista.
En conclusión, *Río Veneno* es una pieza fundamental del noveno arte. Es una obra que redefine las posibilidades del medio, demostrando que el cómic es capaz de albergar sagas familiares de una profundidad psicológica y una relevancia histórica comparables a las de cualquier otra disciplina artística. Para quienes deseen profundizar en el universo de *Love and Rockets*, esta es una lectura obligatoria; para los amantes de la narrativa criminal y el drama épico, es un descubrimiento imprescindible que permanece en la memoria mucho después de haber cerrado sus páginas.