La obra 'Almanzor', creada por el maestro Antonio Hernández Palacios, no es solo un cómic histórico, sino una de las cumbres de la narrativa gráfica europea del siglo XX. Publicada originalmente a principios de los años 80 dentro de la ambiciosa colección "Imágenes de la Historia" de la editorial Ikusager, esta obra representa la madurez absoluta de un autor obsesionado con el rigor documental y la épica visual.
La trama se sumerge en la convulsa España del siglo X, centrándose en la figura de Muhammad ibn Abi Amir, quien pasaría a la historia como Al-Mansur ("El Victorioso"). El cómic huye de la caricatura del villano o del héroe plano para presentarnos un estudio profundo sobre la ambición, el poder y la estrategia política. La narración arranca mostrando los orígenes de un joven y astuto escriba que, dotado de una inteligencia superior y una voluntad inquebrantable, comienza a escalar posiciones en la sofisticada y peligrosa corte del Califato de Córdoba.
A través de sus páginas, asistimos a la transformación de un funcionario en el dictador de facto de Al-Ándalus. Palacios desglosa con maestría las intrigas palaciegas tras la muerte del califa Al-Hakam II, la relación de Almanzor con la influyente Subh (la madre del heredero Hisham II) y su habilidad para neutralizar a sus rivales internos, como el general Galib. El guion se aleja de los diálogos expositivos innecesarios, permitiendo que sea la acción y la puesta en escena la que dicte el ritmo de la ascensión de este hombre que llegaría a aterrorizar a los reinos cristianos del norte.
Visualmente, 'Almanzor' es un despliegue de virtuosismo técnico. Antonio Hernández Palacios utiliza un estilo realista extremadamente detallado, donde cada viñeta parece un óleo o un grabado de época. Su dominio de la anatomía, tanto humana como equina, es soberbio, pero donde realmente destaca es en la ambientación. El autor logra reconstruir la Córdoba califal con una precisión arquitectónica asombrosa: los arcos de herradura, los mosaicos, los jardines y la opulencia de Medina Azahara cobran vida con una textura casi tangible.
El uso del color es otro de los pilares de la obra. Palacios emplea una paleta de tonos terrosos, ocres y rojos intensos que evocan el polvo de las batallas y el calor del sur, contrastándolos con azules profundos y dorados para las escenas de interior. Su técnica de sombreado mediante rayados finos aporta una densidad visual que obliga al lector a detenerse en cada panel, convirtiendo la lectura en una experiencia inmersiva.
El cómic no se limita a las intrigas de alcoba; también retrata la faceta militar del personaje. Las "razzias" o campañas de castigo contra los núcleos cristianos están narradas con un sentido de la escala cinematográfico. Palacios evita el caos visual gratuito, prefiriendo composiciones coreografiadas que muestran la logística, el movimiento de las tropas y la brutalidad de la guerra medieval sin caer en el sensacionalismo.
En definitiva, 'Almanzor' es una obra que exige respeto por su rigor histórico y su calidad artística. No busca adoctrinar ni simplificar los conflictos de la Reconquista, sino retratar un periodo de esplendor y conflicto a través de los ojos de uno de sus protagonistas más fascinantes. Es un cómic fundamental para entender la evolución de la historieta española, donde el dibujo alcanza cotas de arte mayor y el guion trata al lector con la inteligencia que requiere un drama político de esta envergadura. Una pieza imprescindible para cualquier estudioso del medio o amante de la historia narrada con imágenes.