El Eternauta – El Regreso

El Eternauta: El Regreso representa uno de los hitos más significativos en la historia de la historieta argentina contemporánea, no solo por lo que narra, sino por lo que simboliza: el retorno de Francisco Solano López, dibujante original de la obra cumbre de 1957, al universo que co-creó junto a Héctor Germán Oesterheld. Publicada originalmente a partir de 2003, con guiones de Pablo Maiztegui (bajo el seudónimo de Pol), esta obra se distancia de las secuelas previas para proponer una continuación directa que recupera el espíritu de la saga original, adaptándolo a un contexto sociopolítico y estético más moderno y oscuro.

La trama se sitúa décadas después de los eventos de la primera invasión. Juan Salvo, el Eternauta, tras navegar por el "continuum" espacio-temporal en una búsqueda desesperada por reencontrarse con su esposa Elena y su hija Martita, logra finalmente materializarse de nuevo en Buenos Aires. Sin embargo, la ciudad que encuentra no es la que recordaba, ni tampoco el páramo nevado de la resistencia inicial. Se halla ante una Buenos Aires aparentemente normalizada, pero bajo un orden profundamente alterado.

En esta entrega, el conflicto central no reside en una batalla abierta contra naves espaciales o nevadas mortales, sino en la naturaleza de una ocupación invisible y absoluta. Los "Ellos", los enigmáticos invasores de la obra original, han perfeccionado sus métodos. Ya no necesitan la fuerza bruta de los Gurbos o la tecnología de los Cascarudos para someter a la población; ahora ejercen un control hegemónico basado en la manipulación de la memoria, la cultura y la estructura social. La ciudad vive en una suerte de "pax alienígena" donde la mayoría de los ciudadanos han olvidado el pasado o han sido condicionados para aceptar la presencia de los invasores como una benevolencia necesaria.

Juan Salvo emerge en este escenario como un anacronismo viviente, un recordatorio de una libertad perdida que la mayoría prefiere no recordar. Su misión es doble: por un lado, la búsqueda personal y emocional de su familia, cuyo destino es el motor que lo empuja a través de las viñetas; por otro, la necesidad de despertar una resistencia que parece haber sido erradicada o asimilada por el sistema. El guion de Maiztegui explora con acierto la alienación del héroe, quien debe navegar una red de intrigas, traiciones y nuevos aliados que desconfían de su figura casi mítica.

Desde el apartado visual, el trabajo de Francisco Solano López en *El Regreso* es magistral. A pesar del paso de los años, su trazo conserva la capacidad de retratar la cotidianeidad porteña con una precisión asombrosa, imbuyéndola de una atmósfera opresiva y melancólica. El uso de las sombras y el diseño de los nuevos entornos tecnológicos de los invasores contrastan con la arquitectura clásica de Buenos Aires, creando una disonancia visual que refuerza la sensación de extrañeza que siente el protagonista. La evolución de su estilo, ahora más detallado y sombrío, se alinea perfectamente con el tono de una historia que reflexiona sobre el olvido y la pérdida de identidad.

La obra también introduce nuevos elementos en la mitología de la serie, como la figura de los "Mano" en roles más complejos y la exploración de cómo la tecnología alienígena se ha integrado en la vida diaria de los humanos sobrevivientes. Sin recurrir a giros argumentales gratuitos, el cómic mantiene una tensión constante, centrada en la vulnerabilidad de Juan Salvo frente a un enemigo que parece haber ganado la guerra no solo en el campo de batalla, sino en la mente de los vencidos.

En conclusión, *El Eternauta: El Regreso* es una pieza fundamental que cierra el círculo iniciado en la década de los 50. Es una historia de resistencia contra el olvido, un relato crepuscular que devuelve al personaje de Juan Salvo su humanidad y su peso heroico, enfrentándolo al desafío más difícil de su existencia: encontrar la verdad en un mundo que ha decidido que la mentira es más cómoda. Para el lector, supone un reencuentro necesario con una narrativa que, lejos de ser un ejercicio de nostalgia, se siente vibrante, relevante y profundamente comprometida con la esencia de la historieta como herramienta de reflexión social.

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