El viaje de Esteban (originalmente titulada simplemente *Esteban*) es una de las obras más sólidas y cautivadoras del cómic francobelga contemporáneo, escrita y dibujada por el talentoso Matthieu Bonhomme. Publicada originalmente a partir de 2005, esta serie se aleja de los tópicos del género de aventuras para ofrecer un relato iniciático crudo, realista y profundamente humanista, ambientado en el ocaso de la era de la navegación a vela.
La historia se sitúa a finales del siglo XIX, en las gélidas y peligrosas aguas del extremo sur del continente americano, cerca del Cabo de Hornos. El protagonista es Esteban, un joven de doce años de origen tehuelche que, tras quedar huérfano, busca cumplir un destino que parece grabado en su herencia: convertirse en arponero. La narrativa arranca cuando el muchacho se presenta ante el capitán Joad, el curtido y severo comandante del *Leviathan*, un ballenero que representa los últimos estertores de una industria que está a punto de ser devorada por la modernidad y el vapor.
Desde el punto de vista argumental, el cómic se estructura como un viaje de aprendizaje. No obstante, Bonhomme evita el sentimentalismo fácil. La vida a bordo del *Leviathan* es retratada con una precisión casi documental: el frío cortante, el trabajo extenuante, la jerarquía inamovible y el peligro constante de enfrentarse a los gigantes del océano. Esteban no es un héroe predestinado con habilidades mágicas; es un aprendiz que debe ganarse el respeto de una tripulación escéptica a base de observación, resistencia y una conexión intrínseca con la naturaleza que sus compañeros, hombres de mar occidentales, a menudo no logran comprender.
Uno de los pilares fundamentales de la obra es la relación entre Esteban y el capitán Joad. Joad no es el típico mentor benevolente; es un hombre obsesivo, marcado por el pasado y por la presión de mantener a flote un negocio que se hunde ante el avance tecnológico. A través de sus interacciones, el cómic explora temas como la paternidad simbólica, la transmisión del conocimiento y el choque cultural. Esteban aporta una mirada pura y una ética ligada a sus raíces indígenas, lo que genera un contraste fascinante con la mentalidad extractiva y mercantilista de la época.
En el apartado visual, Matthieu Bonhomme despliega una maestría absoluta. Su estilo, heredero de la mejor tradición de la línea clara pero con una vitalidad y un dinamismo modernos, es perfecto para la narrativa marítima. El dibujo destaca por su capacidad para transmitir la inmensidad del océano y la claustrofobia de la cubierta del barco. El uso del color es narrativo: los tonos grises, azules y ocres sumergen al lector en la atmósfera húmeda y gélida de la Patagonia. Las secuencias de caza de ballenas están resueltas con una planificación cinematográfica que prioriza el movimiento y la tensión, logrando que el lector sienta el balanceo de las olas y el crujir de la madera.
La obra también funciona como una elegía por un mundo que desaparece. El conflicto entre los barcos de vela y los nuevos vapores balleneros, más eficientes pero menos "nobles" a ojos de los protagonistas, subyace en toda la trama. "El viaje de Esteban" no solo narra el crecimiento de un niño hacia la madurez, sino también el fin de una forma de entender la relación entre el hombre y el mar.
En resumen, este cómic es una pieza imprescindible para los amantes de la aventura clásica con profundidad psicológica. Sin recurrir a giros de guion artificiosos, Bonhomme construye una epopeya donde el verdadero motor es la supervivencia y la búsqueda de identidad. Es una obra que respeta la inteligencia del lector, ofreciendo una visión honesta de la historia y de la naturaleza humana, consolidándose como un referente moderno de la *bande dessinée* de aventuras.