Canto y la ciudad de los gigantes

Canto y la ciudad de los gigantes representa la consolidación de una de las mitologías más frescas y visualmente cautivadoras del cómic independiente contemporáneo. Escrita por David M. Booher e ilustrada por Drew Zucker, esta obra continúa la odisea del pequeño caballero de hojalata que cautivó a la crítica en su debut. Si la primera entrega funcionaba como una reinterpretación oscura de *El Mago de Oz* mezclada con la épica de *Dante*, este segundo volumen expande el universo de Canto, elevando las apuestas desde una búsqueda personal hacia una misión de supervivencia colectiva.

La premisa de este arco argumental arranca poco después de los eventos de la primera aventura. Canto, el pequeño esclavo de hojalata cuyo pueblo tiene relojes en lugar de corazones, ha logrado liberar a su gente del yugo del Hombre Enmascarado. Sin embargo, la libertad ha traído consigo una maldición inesperada: los relojes de su pueblo se están deteniendo. El tiempo se agota literalmente para su raza. Ante la inminente extinción de sus hermanos, Canto debe abandonar la seguridad de su nuevo hogar para buscar una solución en un lugar que hasta entonces solo existía en las leyendas: la Ciudad de los Gigantes.

En esta entrega, el guion de Booher abandona la estructura de "viaje del héroe" solitario para transformarse en una narrativa de grupo. Canto no viaja solo; lo acompañan sus fieles amigos Falco y Rikta, además de sus leales malandantes. Esta dinámica permite explorar las tensiones internas de un pueblo que, aunque libre, sigue traumatizado por siglos de esclavitud. La búsqueda de los gigantes no es solo un desplazamiento físico a través de parajes inhóspitos, sino una exploración sobre la responsabilidad del liderazgo y el peso de la esperanza cuando todo parece perdido.

El world-building alcanza aquí su punto álgido. La Ciudad de los Gigantes no es simplemente un escenario de gran escala; es un testamento de una era olvidada que redefine la cosmogonía de este mundo. Booher utiliza este entorno para profundizar en la naturaleza del Hombre Enmascarado y el origen de la tecnología de relojería que mantiene vivos a los protagonistas. La trama se aleja de la sencillez del cuento de hadas para adentrarse en la alta fantasía, con intrigas políticas entre facciones de criaturas ancestrales y dilemas morales sobre el sacrificio.

Visualmente, el trabajo de Drew Zucker es magistral. Su estilo, que combina la expresividad del cómic europeo con el dinamismo del americano, es fundamental para transmitir la escala del conflicto. Zucker juega constantemente con la perspectiva: la pequeñez física de Canto frente a la inmensidad de la arquitectura de los gigantes sirve como una metáfora visual constante de la lucha del individuo contra fuerzas insuperables. El diseño de las nuevas criaturas y los entornos industriales decadentes refuerzan esa atmósfera de "fantasía oscura" que define a la serie. El uso del color, a cargo de Vittorio Astone, emplea una paleta que transita de los tonos ocres y metálicos de la desesperación a destellos de luz que simbolizan la determinación del protagonista.

Uno de los puntos más fuertes de este volumen es cómo maneja el concepto del tiempo. En un mundo donde la vida depende de un mecanismo de cuerda, el tic-tac constante genera una tensión narrativa orgánica. No hay rellenos en la trama; cada capítulo empuja a los personajes hacia un clímax donde la valentía no se mide por la fuerza física, sino por la voluntad de seguir adelante cuando el mecanismo interno empieza a fallar.

En conclusión, *Canto y la ciudad de los gigantes* es una obra imprescindible para los amantes de la narrativa fantástica. Logra el difícil equilibrio de ser una historia accesible con una carga emocional profunda, tratando temas como el legado, la finitud y la identidad. Es un cómic que demuestra que no se necesita un corazón de carne para sentir, ni una gran estatura para realizar gestas legendarias. La obra

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