La Sed: Una odisea sensorial en los límites de la narrativa gráfica
Publicada originalmente en 2018 por la editorial Apa Apa Cómics, *La Sed* no es solo el debut en formato largo de la autora sevillana María Medem, sino que representa uno de los hitos más significativos del nuevo cómic contemporáneo español. En esta obra, Medem se aleja de las convenciones del género de aventuras o del drama tradicional para sumergir al lector en un ejercicio de introspección visual que redefine la relación entre el espacio, el tiempo y la sed, entendida esta última no solo como una necesidad biológica, sino como un anhelo existencial.
La premisa de *La Sed* nos sitúa en un entorno desértico, un paisaje vasto y onírico que parece existir fuera de cualquier cronología conocida. En este escenario conviven dos figuras femeninas cuyas motivaciones actúan como polos opuestos de una misma realidad. Una de ellas habita una estructura solitaria, dedicada a la preservación y el consumo ritual de un pozo de agua, aferrada a la permanencia y a la seguridad de lo conocido. La otra, por el contrario, siente la llamada del horizonte, el impulso de cruzar las dunas hacia un destino incierto, desafiando la aridez del entorno.
Desde una perspectiva técnica, el cómic destaca por su uso magistral de la "línea clara" aplicada a una sensibilidad psicodélica y minimalista. Medem no utiliza el dibujo para sobrecargar la página de información, sino para crear una atmósfera de silencio y quietud. El desierto en *La Sed* no es un vacío, sino un personaje vivo que se transforma a través del color. La autora emplea paletas cromáticas vibrantes y a menudo antinaturales —rosas eléctricos, azules profundos, amarillos ácidos— que no buscan representar la realidad física, sino el estado emocional de los personajes y la temperatura del ambiente. El color aquí es narrativo: marca el paso de las horas, la intensidad del calor y la profundidad de la soledad.
La estructura narrativa de la obra es marcadamente rítmica. Medem utiliza la repetición de motivos y la disposición de las viñetas para dictar un tempo de lectura pausado, casi meditativo. No hay grandes bloques de texto ni diálogos explicativos; la historia se cuenta a través de los gestos, de la caída de una gota de agua, del movimiento de la arena y de las miradas perdidas en la inmensidad. Esta economía de palabras potencia la sensación de aislamiento y obliga al lector a participar activamente en la interpretación de los símbolos que pueblan el relato.
El concepto de "la sed" que da título al libro funciona como el motor invisible de toda la trama. Es una sed que se manifiesta en la espera, en el deseo de cambio y en el miedo al estancamiento. La obra explora la dualidad entre el confort de la rutina y la angustia que provoca la posibilidad de lo desconocido. A través de sus páginas, asistimos a una coreografía de movimientos cotidianos que, bajo la lente de Medem, adquieren una dimensión ritual y trascendente.
En conclusión, *La Sed* es una pieza fundamental para entender hacia dónde se dirige el cómic de autor actual. Es una obra que apela a los sentidos y que demuestra que la narrativa gráfica es capaz de transmitir conceptos abstractos y sensaciones físicas complejas sin necesidad de recurrir a los tropos habituales de la ficción. Para el lector que busque una experiencia estética pura, alejada de los fuegos artificiales de la narrativa comercial, este cómic ofrece un refugio —o quizás un espejismo— de una belleza y una profundidad inusuales. Es, en definitiva, un estudio sobre la paciencia, el deseo y la inabarcable distancia que a veces separa a dos personas que comparten un mismo espacio.