Peleas de Enamorados, la obra de la autora gallega Begoña García-Alén publicada por la editorial Apa Apa Cómics, representa uno de los ejercicios más audaces y singulares de la narrativa gráfica contemporánea en España. A pesar de lo que su título podría sugerir —una posible comedia romántica o un drama costumbrista de pareja—, el cómic se aleja radicalmente de las convenciones del género para adentrarse en el terreno de la abstracción, la arquitectura y la semiótica del espacio.
La obra se articula como un relato mudo, despojado de diálogos y de la presencia explícita de personajes antropomórficos. En su lugar, García-Alén utiliza el lenguaje de la geometría y la disposición de los objetos para narrar la desintegración de una relación. El cómic no muestra la discusión verbal, sino el eco de esa tensión en el entorno físico. Es una exploración sobre cómo los espacios que habitamos absorben nuestras vivencias y cómo, tras una ruptura, esos mismos lugares se transforman en escenarios de una batalla silenciosa entre el recuerdo y la ausencia.
Desde un punto de vista técnico, el dibujo de García-Alén es de una limpieza quirúrgica. Utiliza una línea clara extremadamente depurada y una paleta de colores limitada que refuerza la sensación de orden y, paradójicamente, de vacío. La composición de la página es fundamental: las viñetas funcionan como planos arquitectónicos o diagramas de flujo donde el movimiento no lo ejecutan los cuerpos, sino la mirada del lector al recorrer las estancias, los muebles y las sombras. La autora juega con la repetición y la sutil variación de los elementos, creando un ritmo narrativo que emula el paso del tiempo en una casa que se está quedando vacía o que está siendo reconfigurada.
El conflicto, la "pelea" a la que alude el título, se manifiesta en la tensión entre las formas. Un objeto desplazado, una puerta entreabierta o la incidencia de la luz sobre una pared se convierten en vehículos emocionales de gran potencia. La narrativa se construye a través de la elipsis; el lector no es un espectador de los hechos, sino un arqueólogo que debe reconstruir lo sucedido a partir de los restos materiales y la disposición del mobiliario. Esta aproximación convierte a *Peleas de Enamorados* en una experiencia inmersiva donde el silencio es el protagonista absoluto.
La obra también destaca por su reflexión sobre la identidad compartida y la individualidad. Al eliminar el rostro y la voz, García-Alén universaliza el sentimiento de pérdida. Los espacios que presenta podrían ser los de cualquier pareja, lo que permite que el lector proyecte sus propias experiencias sobre las estructuras geométricas. No hay una guía emocional explícita; la melancolía o la liberación que desprende el cómic dependen enteramente de la interpretación de quien observa los cambios en el escenario.
En el contexto del cómic de vanguardia, esta obra se sitúa en la estela de autores que desafían los límites del medio, como Richard McGuire o Chris Ware, pero con una voz propia que apuesta por el minimalismo extremo. García-Alén demuestra que la narrativa gráfica no necesita de la acción física ni de la palabra para transmitir conceptos complejos como el desamor, la rutina o el abandono. La estructura del libro, su gramática visual y su capacidad para generar atmósfera a partir de lo inanimado lo convierten en un objeto de estudio sobre las posibilidades expresivas de la viñeta.
En conclusión, *Peleas de Enamorados* es un cómic que exige una lectura pausada y analítica. Es una obra que no se lee, sino que se habita. A través de su enfoque arquitectónico y su renuncia a lo figurativo convencional, Begoña García-Alén logra capturar la esencia de una crisis sentimental sin necesidad de mostrar un solo gesto humano, dejando que sean las paredes y los objetos los que narren el final de una historia compartida. Es, en definitiva, un tratado visual sobre la memoria de los lugares y la geometría del adiós.