*Los Robinsones de la Tierra* es una de las obras fundamentales de la ciencia ficción española, creada íntegramente por Alfonso Font, uno de los autores más respetados del medio. Publicada originalmente por entregas a principios de los años 80 en revistas emblemáticas como *Cimoc*, esta obra se aleja de las epopeyas espaciales de batallas galácticas para centrarse en una premisa mucho más íntima, antropológica y desoladora: la supervivencia en un planeta que ha dejado de ser el centro del universo para convertirse en un vertedero olvidado.
La historia nos sitúa en un futuro indeterminado donde la humanidad ha alcanzado las estrellas, abandonando su hogar ancestral tras haberlo agotado y convertido en un lugar prácticamente inhabitable. Sin embargo, no todos se han marchado. Un pequeño grupo de personas, por diversas circunstancias que van desde el error administrativo hasta el abandono deliberado, se encuentra varado en una Tierra que ya no los reconoce. El título es una referencia directa a *Robinson Crusoe* de Daniel Defoe y a *Los Robinsones Suizos*, estableciendo de inmediato el tono de la narrativa: el ser humano frente a un entorno hostil, con la particularidad de que el "naufragio" ocurre en su propia cuna biológica.
El guion de Font se estructura en torno a la travesía de estos personajes a través de paisajes que mezclan una naturaleza salvaje que reclama su espacio con los restos esqueléticos de una civilización tecnológica avanzada. No hay grandes villanos ni amenazas alienígenas; el conflicto principal emana de la escasez de recursos, la degradación del medio ambiente y, sobre todo, la fragilidad de la condición humana cuando se ve despojada de la estructura social. La trama avanza mediante la exploración y el descubrimiento de lo que queda de nuestro mundo, convirtiendo el viaje en una metáfora de la búsqueda de identidad.
Los protagonistas son individuos con pasados distintos y motivaciones a menudo enfrentadas. A lo largo de las páginas, Font explora cómo la necesidad de supervivencia forja alianzas improbables y cómo el aislamiento afecta a la psique de cada uno. La tensión no solo proviene de los peligros externos —como climas extremos o los restos de una tecnología fuera de control— sino de la desconfianza mutua y el peso de la soledad absoluta. Es una obra que cuestiona qué queda de nosotros cuando la civilización desaparece y solo queda el instinto de permanecer