Mothers Day, publicada por la editorial AfterShock Comics, es una obra que se inserta con fuerza en el género del horror contemporáneo, alejándose de los tropos convencionales para ofrecer una narrativa que mezcla el trauma familiar con el terror visceral. Escrita por Jace Rivera e ilustrada por Luca Casalanguida, esta miniserie de cinco números propone una deconstrucción oscura de la maternidad y los lazos de sangre, transformando una festividad tradicionalmente luminosa en una pesadilla de supervivencia.
La premisa arranca con un punto de partida clásico del género: el regreso al hogar. La historia sigue a un grupo de hermanos distanciados que, tras años de separación y tensiones no resueltas, deciden reunirse en su casa de la infancia para celebrar el Día de la Madre. Sin embargo, lo que comienza como un incómodo ejercicio de diplomacia familiar pronto se desmorona cuando descubren que su madre no es la mujer que recordaban. No se trata simplemente de una enfermedad o de la vejez; hay algo fundamentalmente alterado en ella, una presencia antigua y malévola que ha reclamado su cuerpo y su voluntad.
Desde las primeras páginas, Jace Rivera establece una atmósfera de opresión. El guion no se apresura en mostrar el horror físico, sino que se toma su tiempo para presentar las dinámicas fracturadas entre los protagonistas. Cada hermano carga con sus propios demonios y resentimientos, lo que convierte la cena familiar en un campo de minas emocional. Esta base de drama humano es crucial, ya que eleva las apuestas cuando el elemento sobrenatural finalmente estalla. El lector no solo teme por la vida de los personajes, sino que se ve inmerso en la tragedia de una familia que, incluso antes de enfrentarse a un monstruo, ya estaba rota.
El arte de Luca Casalanguida es el complemento perfecto para esta narrativa. Su estilo, caracterizado por un uso intensivo de las sombras y un trazo crudo, logra capturar la decrepitud del entorno y la desesperación en los rostros de los personajes. Casalanguida destaca especialmente en la representación de lo grotesco. Cuando el cómic transita del suspense al horror corporal, el dibujo se vuelve explícito y perturbador, logrando que el lector sienta la amenaza como algo tangible y orgánico. La paleta de colores, a menudo apagada y fría, refuerza la sensación de aislamiento y desesperanza que impregna la obra.
Uno de los puntos más interesantes de Mothers Day es cómo subvierte el concepto de la "figura materna". En la literatura y el cine, la madre suele ser el símbolo máximo de protección y sacrificio. Aquí, Rivera le da la vuelta a esa idea, convirtiendo el origen de la vida en una fuente de aniquilación. La "Madre" en este cómic se convierte en una entidad que reclama lo que es suyo, sugiriendo que los lazos familiares pueden ser, en el sentido más literal, una trampa mortal. El cómic explora el trauma heredado y la idea de que no podemos escapar de los pecados o las deudas de nuestros antepasados.
A medida que la trama avanza, el ritmo se acelera vertiginosamente. Lo que empezó como un drama de cámara en una casa aislada se expande hacia un conflicto de mayores proporciones, donde el pasado de la familia y la mitología detrás de la entidad que los acecha comienzan a revelarse. Sin embargo, el cómic mantiene siempre el foco en lo personal, evitando perderse en explicaciones excesivas para priorizar el impacto emocional y el terror inmediato.
En conclusión, Mothers Day es una lectura esencial para los aficionados al horror que buscan algo más que simples sustos. Es una obra que utiliza el género para hablar de la alienación, el dolor de las relaciones rotas y el miedo primario a lo que conocemos como "hogar". Con un equilibrio sólido entre el desarrollo de personajes y el horror gráfico, AfterShock entrega una pieza que se queda grabada en la mente del lector mucho después de cerrar el último número, recordándonos que, a veces, los monstruos más aterradores son aquellos que nos dieron la vida.