Zero Girl: Full Circle, publicada originalmente en 2003 por el sello Homage Comics (WildStorm/DC), representa la culminación de la visión surrealista y profundamente introspectiva de su creador integral, Sam Kieth. Esta obra funciona como una secuela directa de la miniserie original *Zero Girl*, retomando la narrativa quince años después de los eventos que definieron la adolescencia de su protagonista, Amy Smootster. En esta continuación, Kieth expande el universo simbólico de la obra, transformando un relato de angustia juvenil en una compleja exploración sobre la maternidad, la herencia del trauma y la naturaleza cíclica de la existencia.
La trama se sitúa en un punto donde Amy Smootster ya no es la adolescente alienada que luchaba contra sus propias manifestaciones geométricas y sus sentimientos prohibidos. Ahora es una mujer adulta que intenta llevar una vida convencional, pero el núcleo de la historia se desplaza hacia su hija de quince años, Nellie. La premisa central de *Full Circle* es, como indica su título, el cierre de un ciclo: Nellie comienza a experimentar las mismas anomalías psicológicas y físicas que atormentaron a su madre. El concepto de "Zero Girl" deja de ser un estigma individual para convertirse en una condición hereditaria, una metáfora visual de cómo los miedos y las inseguridades de los padres se proyectan inevitablemente en la siguiente generación.
Narrativamente, el cómic se estructura a través del contraste entre la experiencia de Amy y el descubrimiento de Nellie. Mientras que en la primera serie Amy buscaba desesperadamente encajar en un mundo de "cuadrados" (lo rígido, lo normal, lo aceptado) siendo ella un "círculo" (lo fluido, lo extraño, el vacío), en *Full Circle* el conflicto es más maduro. Amy debe enfrentarse al espejo que representa su hija, lidiando con la culpa de haberle transmitido su "maldición" y la impotencia de no poder protegerla de un proceso de autodescubrimiento que es intrínsecamente doloroso.
El estilo visual de Sam Kieth en esta obra es, si cabe, más depurado y experimental que en sus trabajos anteriores como *The Maxx*. Kieth utiliza una narrativa gráfica que desafía las convenciones del medio, mezclando un dibujo de líneas cinéticas y proporciones distorsionadas con texturas orgánicas y composiciones de página que reflejan el estado mental de las protagonistas. Los elementos abstractos —los círculos y los cuadrados que dan forma a la mitología de la serie— no son meros adornos, sino que interactúan con el entorno de manera física, simbolizando la intrusión de lo psicológico en la realidad cotidiana. La paleta de colores y el entintado refuerzan una atmósfera onírica, casi de pesadilla lúcida, donde lo cotidiano se siente frágil y propenso a romperse.
Uno de los puntos más destacados de *Full Circle* es su capacidad para tratar temas de salud mental y alienación social sin caer en el didactismo. La "condición" de las protagonistas se presenta como una manifestación externa de su aislamiento emocional. La relación entre madre e hija es el eje emocional del relato; es una dinámica cargada de silencios, secretos y una comprensión tácita de que ambas habitan un plano de realidad distinto al del resto del mundo. Kieth evita las resoluciones fáciles, optando por una narrativa que abraza la ambigüedad y la melancolía.
En conclusión, *Zero Girl: Full Circle* es una pieza esencial para entender la evolución artística de Sam Kieth. Es un cómic que se aleja de las estructuras tradicionales del género para ofrecer un estudio de personajes profundo y visualmente impactante. La obra no solo cierra los hilos argumentales de la vida de Amy Smootster, sino que propone una reflexión universal sobre la identidad y la imposibilidad de escapar de nuestras propias raíces. Es una lectura densa, cargada de simbolismo, que exige una observación detallada de cada viñeta para desentrañar la conexión entre la geometría abstracta y el dolor humano.