Peepland, publicada bajo el prestigioso sello Hard Case Crime de Titan Comics, es una obra que se posiciona como un referente contemporáneo del género *neo-noir* en el noveno arte. Escrita a cuatro manos por Gary Phillips y Christa Faust, y dibujada por el artista italiano Andrea Mutti, esta miniserie de cinco números es una cruda carta de amor y odio a la Nueva York de mediados de los años 80, específicamente a la zona de Times Square antes de su limpieza y gentrificación.
La trama se sitúa en 1986, en un entorno conocido popularmente como "The Deuce" (la calle 42). En este ecosistema de neones parpadeantes, cines de sesión continua, salas de pornografía y peligro latente, conocemos a la protagonista, Roxy Bell. Roxy trabaja en un *peep show*, un empleo que la sitúa en los márgenes de la sociedad pero que le otorga una perspectiva privilegiada y cínica sobre la fauna urbana que habita la ciudad. Su vida, ya de por sí complicada, da un giro drástico cuando llega a sus manos una cinta de video de formato casero.
El contenido de dicha cinta es el motor de la narrativa: un asesinato grabado de forma accidental en Central Park. Sin embargo, no se trata de un crimen callejero común. Lo que la cinta revela es una ejecución que involucra a las altas esferas del poder neoyorquino, conectando los bajos fondos de los *peep shows* con los rascacielos donde se gestan los planes de desarrollo urbano y la política municipal. A partir de este hallazgo, Roxy se convierte en el objetivo de una cacería humana que involucra a policías corruptos, sicarios y figuras públicas dispuestas a todo para que el video nunca vea la luz.
Acompañando a Roxy encontramos a Nick Zero, un fotógrafo de escenas de crímenes y antiguo conocido de la protagonista, quien aporta la visión del observador que intenta documentar la decadencia de la ciudad mientras lucha por su propia supervivencia. La relación entre ambos personajes sirve para anclar la historia en una realidad humana y vulnerable, alejándose de los tropos del héroe invulnerable para presentar a individuos que simplemente intentan navegar un sistema diseñado para devorarlos.
Desde el punto de vista técnico, el guion de Phillips y Faust destaca por su autenticidad. Christa Faust, conocida por su experiencia en la literatura *hardboiled* y su conocimiento de la industria del entretenimiento para adultos de esa época, aporta una veracidad sucia y necesaria a los diálogos y las situaciones. No hay una romantización de la pobreza o el vicio; hay una exposición directa de la desesperación y la resiliencia. La estructura es ágil, manteniendo un ritmo de *thriller* de persecución que no da tregua al lector, pero que se permite pausas para desarrollar la atmósfera opresiva de la ciudad.
El arte de Andrea Mutti es el complemento perfecto para esta historia. Su trazo, caracterizado por un realismo sucio y un uso magistral de las sombras, captura la textura del asfalto, el humo de los cigarrillos y la luz mortecina de los locales nocturnos. La paleta de colores, a menudo dominada por tonos apagados interrumpidos por el brillo estridente de los neones, refuerza la sensación de una Nueva York que está a punto de implosionar. Mutti logra que la ciudad sea un personaje más, uno que respira, sangra y acecha a los protagonistas en cada esquina.
Peepland no es solo un cómic de crímenes; es un estudio sobre la corrupción sistémica y el fin de una era. La obra explora cómo el progreso urbano a menudo se construye sobre los cadáveres de aquellos que la sociedad prefiere ignorar. Es una lectura esencial para los aficionados al género negro que buscan historias con peso social, personajes complejos y una ambientación histórica recreada con una precisión casi documental. Sin recurrir a artificios innecesarios, el cómic entrega una narrativa sólida, violenta y profundamente evocadora sobre el precio de la verdad en un mundo que prefiere mirar hacia otro lado.