La belleza, escrita por el guionista Hubert y dibujada por el dúo Kerascoët (Marie Pommepuy y Sébastien Cosset), es una de las obras más singulares y profundas del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente en tres tomos (y recopilada frecuentemente en un solo integral), esta obra se presenta como una fábula oscura que subvierte los tropos clásicos de los cuentos de hadas para realizar una disección mordaz sobre la percepción, el deseo y la vacuidad de la apariencia.
La historia comienza con Bacalao, una joven que vive en un entorno rural y miserable. Bacalao es, según los estándares de su sociedad, extremadamente fea: posee rasgos toscos, una higiene deficiente y un olor persistente a pescado que le ha valido su apodo. Su vida es una sucesión de humillaciones y trabajos forzados, marcada por el desprecio de sus vecinos y la ausencia total de afecto. Sin embargo, su destino cambia drásticamente cuando, tras un acto de bondad fortuito, libera a un hada que estaba atrapada. Como recompensa, el hada le concede un deseo. Bacalao, cansada de su marginación, pide lo que cree que resolverá todos sus problemas: ser bella.
El giro fundamental de la obra, y lo que la aleja de los cuentos tradicionales, es la naturaleza del don concedido. El hada no transforma físicamente a Bacalao; en su lugar, lanza un hechizo sobre la percepción de quienes la rodean. Para el resto del mundo, Bacalao se convierte en la mujer más hermosa que jamás haya existido, una criatura de una perfección casi divina que despierta pasiones incontrolables. Sin embargo, cuando se mira en un espejo o en el reflejo del agua, Bacalao sigue viendo su antiguo rostro. Esta dualidad entre la realidad física y la ilusión proyectada es el motor narrativo que impulsa toda la trama.
A medida que la noticia de su belleza se extiende, la vida de Bacalao se transforma en una espiral de ascenso social y caos. Lo que inicialmente parece un sueño cumplido pronto revela su naturaleza tóxica. La protagonista pasa de ser una paria a convertirse en un objeto de culto, pero en ambos casos carece de agencia real. Los hombres no la aman por quién es, sino por la imagen idealizada que proyectan en ella. Esta "belleza" actúa como un catalizador de la codicia, la violencia y la guerra. Reyes, nobles y plebeyos pierden el juicio por poseerla, desencadenando conflictos bélicos y traiciones que destruyen reinos enteros.
Hubert utiliza esta premisa para explorar temas complejos como la mirada masculina (*male gaze*), el poder como herramienta de aislamiento y la superficialidad de las estructuras sociales. Bacalao, ahora llamada "Belleza", descubre que su nuevo estatus no le otorga libertad, sino que la encierra en una jaula de oro donde su única función es ser observada. La obra cuestiona constantemente si la belleza es un don o una maldición, mostrando cómo la adoración externa puede ser tan deshumanizante como el desprecio.
En el apartado visual, Kerascoët realiza un trabajo magistral que refuerza la dualidad del guion. El estilo de dibujo combina una línea clara y elegante con una expresividad que oscila entre lo caricaturesco y lo sublime. Los artistas logran un contraste fascinante: mientras que el entorno y los personajes secundarios a menudo muestran la crudeza y la suciedad de un mundo medieval decadente, la figura de Belleza (tal como la ven los demás) está representada con una delicadeza etérea. El uso del color y la composición de las páginas subrayan la atmósfera de cuento de hadas que, poco a poco, se va tiñendo de tragedia y realismo sucio.
En conclusión, el primer volumen de La belleza establece las bases de una epopeya moral sobre la tiranía de la estética. Es un cómic que evita las moralejas fáciles y prefiere incomodar al lector, obligándolo a reflexionar sobre cómo la imagen define el valor de las personas en la sociedad. Sin recurrir a artificios innecesarios, Hubert y Kerascoët construyen un relato donde la magia es solo el espejo que refleja las ambiciones más oscuras del ser humano.