Dentro del panorama del cómic español de finales de los años 80 y principios de los 90, la figura de Toni Garcés emerge como uno de los narradores visuales más dotados para capturar la esencia del género negro. Su creación más emblemática, 'Billy Grant', no es solo una serie de historietas de detectives, sino un ejercicio de estilo que rinde homenaje al cine clásico de Hollywood mientras construye una identidad propia dentro de la tradición del cómic europeo de línea clara evolucionada.
La obra nos sitúa en una atmósfera densa, predominantemente urbana, donde el asfalto mojado y las sombras alargadas no son meros decorados, sino elementos narrativos fundamentales. El protagonista, Billy Grant, encarna el arquetipo del investigador privado que parece haberlo visto todo, pero que aún conserva un código ético inquebrantable, aunque magullado por la realidad de un entorno hostil. No es un héroe invulnerable; es un hombre que habita los márgenes de la sociedad, moviéndose con la misma soltura por despachos de alta alcurnia que por los callejones más sórdidos de la ciudad.
Desde el punto de vista argumental, 'Billy Grant' se aleja de las tramas de acción desenfrenada para centrarse en el suspense psicológico y la investigación procedimental. Las historias suelen arrancar con encargos aparentemente sencillos —la búsqueda de una persona desaparecida, un caso de chantaje o la protección de un testigo— que rápidamente se ramifican en conspiraciones mucho más profundas. Garcés utiliza estos puntos de partida para explorar temas universales del *noir*: la corrupción sistémica, la ambigüedad moral de sus personajes y la inevitabilidad del destino. La narrativa huye de los maniqueísmos; en el mundo de Grant, la justicia es un concepto difuso y las victorias suelen tener un sabor agridulce.
Visualmente, el cómic es una lección de narrativa secuencial. Toni Garcés demuestra un dominio absoluto del encuadre cinematográfico. Cada viñeta está planificada para guiar la mirada del lector no solo a través de la acción, sino a través de la emoción del momento. El uso del claroscuro es magistral, heredero de maestros como Milton Caniff o Alex Toth, pero con una limpieza de trazo que recuerda a la escuela franco-belga más madura. El dibujo de Garcés se caracteriza por una precisión técnica envidiable en la arquitectura y los vehículos, lo que otorga a la obra una verosimilitud necesaria para que el lector se sumerja por completo en la época en la que se ambienta.
El ritmo de la obra es pausado, permitiendo que los silencios hablen tanto como los diálogos. Billy Grant no es un personaje dado a grandes discursos; su caracterización se construye a través de sus gestos, su mirada cansada y su interacción con una galería de secundarios que parecen extraídos de una película de John Huston o Howard Hawks. Las mujeres en la serie, lejos de ser meros tropos de "femme fatale", presentan una complejidad que desafía las convenciones del género, mostrando motivaciones propias y una agencia que complica la labor del detective.
Publicado originalmente en revistas de referencia como *Cimoc* y posteriormente recopilado en álbumes por Norma Editorial (destacando títulos como 'El rastro del pasado'), 'Billy Grant' se mantiene como una obra de culto para los amantes del género. Es un cómic que exige una lectura atenta para apreciar los detalles de su ambientación y la sutileza de sus giros argumentales. En definitiva, la obra de Toni Garcés es un testimonio de una época en la que el cómic adulto en España buscaba (y encontraba) una voz sofisticada, capaz de mirar de tú a tú a las grandes producciones internacionales del género negro, ofreciendo una experiencia estética y narrativa que no ha perdido ni un ápice de su fuerza con el paso de las décadas.