El Ángel Sombrío, una de las obras más sofisticadas y atmosféricas de la mítica Editorial Columba, representa una cumbre en la colaboración entre dos gigantes de la historieta argentina y mundial: el guionista Robin Wood y el dibujante Enrique Villagrán (quien a menudo firmaba bajo el seudónimo de Gómez Sierra). Publicada originalmente en las páginas de la revista *Intervalo* a finales de la década de 1970, esta obra se aleja de los cánones del héroe de acción convencional para adentrarse en los terrenos del drama histórico, el espionaje cortesano y la introspección psicológica.
La trama se sitúa en la Europa del siglo XVIII, un periodo de luces y sombras donde las monarquías absolutas comienzan a sentir las primeras grietas de la modernidad. El protagonista, conocido simplemente como Ángel, es un hombre cuya existencia transcurre en los márgenes de la legalidad y el poder. No es un caballero andante ni un villano arquetípico; es, ante todo, un agente de inteligencia, un maestro del disfraz y un manipulador de voluntades que pone sus habilidades al servicio de causas que a menudo son tan oscuras como su propio nombre sugiere.
Desde el punto de vista narrativo, Robin Wood despliega en esta obra su característica prosa lírica y reflexiva. La historia no se apoya únicamente en la sucesión de eventos, sino en el peso del silencio y la carga moral de las decisiones del protagonista. Ángel es un personaje melancólico, marcado por un pasado que se revela a cuentagotas y por una soledad inherente a su oficio. Su labor consiste en infiltrarse en las cortes europeas —desde la fastuosidad de Versalles hasta las brumas de Londres o las intrigas de Venecia— para cumplir misiones que alteran el curso de la historia, a menudo sin que los propios protagonistas de los hechos se percaten de su intervención.
El apartado visual de Enrique Villagrán es fundamental para cimentar la identidad de la obra. Su estilo, detallista y elegante, captura con precisión la opulencia de la época: los encajes, las pelucas empolvadas, la arquitectura barroca y los claroscuros de los callejones nocturnos. Villagrán utiliza el dibujo para subrayar la dualidad del protagonista; Ángel puede ser la figura más deslumbrante en un salón de baile y, un instante después, una silueta letal fundida con las sombras de un corredor. El uso de las sombras no es solo un recurso estético, sino una extensión de la psicología del personaje, quien parece condenado a observar la vida de los demás sin poder participar plenamente de ella.
A diferencia de otras obras de Wood más centradas en la aventura épica o el humor, *El Ángel Sombrío* mantiene un tono de sobriedad y cinismo elegante. Los conflictos que plantea son éticos y políticos: la lealtad frente a la supervivencia, el honor frente a la eficacia, y el costo humano de mantener el equilibrio de poder en un continente al borde del cambio. El cómic evita los maniqueísmos; los aliados de Ángel pueden ser tan despiadados como sus enemigos, y el propio protagonista se cuestiona constantemente el propósito de su errática y peligrosa vida.
En resumen, *El Ángel Sombrío* es un ejercicio de narrativa gráfica de alta escuela. Es una obra que exige una lectura atenta para apreciar las sutilezas de sus diálogos y la profundidad de su ambientación. Para el lector interesado en la historieta clásica, este título se erige como un referente del género de intriga histórica, destacando por su capacidad para evocar una época de decadencia y esplendor a través de los ojos de un hombre que, aunque camina entre reyes y conspiradores, pertenece únicamente al reino de las sombras. Su legado reside en haber elevado el estándar de la historieta de género, transformando un relato de espionaje en una meditación sobre la identidad y el aislamiento.