Cosas De La Vida

Cosas de la vida (*Tranches de vie*), la obra maestra del autor francés Gérard Lauzier, representa uno de los pilares fundamentales del cómic adulto europeo de la década de los 70 y 80. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Pilote*, esta serie de historias cortas se aleja de la aventura tradicional para adentrarse en los recovecos más oscuros, ridículos y contradictorios de la condición humana y la vida urbana contemporánea.

La obra se estructura como una sucesión de viñetas y relatos autoconclusivos que funcionan como una disección quirúrgica de la sociedad de su tiempo. Lauzier no busca la complacencia del lector; al contrario, su objetivo es poner frente al espejo las miserias de una clase media y burguesa que, tras las revoluciones sociales de finales de los 60, se encuentra perdida entre sus ideales teóricos y sus deseos más primarios y egoístas. El autor se convierte en un cronista del desencanto, capturando momentos precisos donde la fachada de sofisticación de sus personajes se desmorona ante la realidad.

El eje central de "Cosas de la vida" es la hipocresía. Lauzier pone el foco en arquetipos muy específicos: el intelectual de izquierdas que vive en el lujo, el ejecutivo agresivo que oculta una profunda inseguridad, la pareja moderna que intenta practicar el amor libre solo para sucumbir a los celos más atávicos, o el joven revolucionario cuya rebeldía termina donde empieza su comodidad personal. A través de estos personajes, el cómic explora temas como la alienación urbana, la crisis de la masculinidad, la vacuidad del discurso político y la complejidad de las relaciones sentimentales en un mundo cada vez más individualista.

Narrativamente, Lauzier destaca por un manejo magistral del diálogo. Sus guiones son densos, cargados de una verborrea que los personajes utilizan como escudo o como arma, pero que a menudo termina revelando su propia ignorancia o patetismo. No es un cómic de acción, sino de interacción. La tensión se construye a través de lo que se dice y, sobre todo, de lo que se calla o se insinúa. El humor es negro, ácido y, en ocasiones, profundamente cruel, pero siempre parte de una observación aguda de la realidad que impide que el lector se distancie por completo de lo que está viendo.

En el apartado visual, el estilo de Lauzier es dinámico y expresivo. Aunque sus personajes pueden rozar la caricatura en sus gestos y expresiones —especialmente cuando son presa del pánico, la ira o la lujuria—, los entornos están dibujados con un realismo detallado que sitúa la acción en una cotidianidad reconocible. Su trazo es firme y elegante, capaz de transmitir tanto la sofisticación de un apartamento de diseño como la decrepitud moral de una situación incómoda. El uso del espacio en la página refuerza la sensación de claustrofobia social que impregna toda la obra.

"Cosas de la vida" no ofrece soluciones ni finales felices. Cada historia es un fragmento de existencia donde el conflicto rara vez se resuelve de forma heroica; lo habitual es que los personajes acepten su derrota o sigan adelante fingiendo que nada ha pasado, perpetuando el ciclo de su propia insatisfacción. Es esta honestidad brutal la que ha permitido que la obra envejezca con una vigencia sorprendente. A pesar de estar anclada en la estética y los debates de su época, los vicios y debilidades que Lauzier retrata —la vanidad, la falta de empatía y la contradicción constante entre lo que decimos ser y lo que realmente somos— siguen siendo inherentes a la sociedad actual.

En definitiva, este cómic es una pieza esencial para entender la evolución de la historieta hacia temas maduros y sociológicos. Gérard Lauzier logra, con una mezcla de cinismo y lucidez, que el lector se ría de las desgracias ajenas para terminar dándose cuenta de que, en el fondo, se está riendo de sí mismo. Es un retrato implacable de la comedia humana, servido en pequeñas dosis de brillantez narrativa y gráfica.

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