Brutal Nature

Brutal Nature, escrita por Luciano Saracino e ilustrada por el aclamado artista Ariel Olivetti, es una obra que se sitúa en la intersección del drama histórico, la fantasía oscura y el horror visceral. Publicada originalmente por IDW Publishing, esta miniserie destaca no solo por su premisa narrativa, sino por un apartado visual que redefine la representación de la mitología indígena en el noveno arte.

La historia nos traslada al siglo XVI, en pleno apogeo de la conquista española en el Nuevo Mundo. El escenario es una América del Sur indómita, donde el choque de civilizaciones no solo se mide en términos de acero contra flechas, sino en una lucha espiritual y física por la supervivencia de la esencia misma de la tierra. El protagonista de este relato es Ich, un joven nativo que posee un don tan asombroso como aterrador: una colección de máscaras sagradas que le permiten transformarse físicamente en diversas bestias de la naturaleza.

A diferencia de los relatos tradicionales de héroes con habilidades especiales, Ich no es un salvador en el sentido clásico. Es, más bien, la respuesta desesperada y violenta de un ecosistema que está siendo violado. Al colocarse una de sus máscaras, Ich deja de ser humano para convertirse en la encarnación de la fauna local: un jaguar letal, un oso imponente o un águila majestuosa. Estas transformaciones no son meramente estéticas; conllevan una metamorfosis biológica completa que Olivetti retrata con un realismo anatómico perturbador, donde los huesos se rompen y los músculos se expanden para dar paso a la bestia.

El conflicto central se articula a través del enfrentamiento entre Ich y las fuerzas expedicionarias españolas, lideradas por figuras que personifican la ambición ciega y el fanatismo religioso de la época. Los colonizadores, equipados con armaduras de placas, armas de fuego y una convicción inquebrantable en su superioridad cultural, ven en Ich no a un hombre, sino a un demonio que debe ser erradicado. Esta dinámica permite a Saracino explorar temas profundos como la deshumanización del "otro", la pérdida de la identidad cultural y la futilidad de la resistencia ante el avance imparable de la tecnología y la codicia humana.

Uno de los pilares fundamentales de Brutal Nature es, sin duda, el arte de Ariel Olivetti. El artista argentino utiliza su característico estilo de pintura digital, que otorga a las páginas una tridimensionalidad casi escultórica. El contraste entre la exuberancia orgánica de la selva y la rigidez metálica de los conquistadores es constante. Olivetti logra que la violencia sea palpable; cada zarpazo y cada disparo tienen un peso visual que refuerza el título de la obra. La naturaleza es, en efecto, brutal, pero la civilización que intenta domarla lo es aún más.

La narrativa no se limita a la acción frenética. Existe un trasfondo melancólico en la figura de Ich. A través de sus interacciones y sus silencios, el lector percibe la carga emocional de ser el último bastión de un mundo que se desvanece. Las máscaras son un vínculo con sus ancestros y con los espíritus de la tierra, pero también son una maldición que lo aleja de su propia humanidad. El guion de Saracino evita los maniqueísmos simples, dotando a los antagonistas de motivaciones que, aunque crueles, responden a la lógica de su tiempo, lo que hace que el horror de la conquista sea mucho más real y tangible.

En conclusión, Brutal Nature es una pieza imprescindible para quienes buscan un cómic que combine el rigor histórico con la libertad de la fantasía. Es una reflexión sobre el poder, la venganza y la relación intrínseca entre el hombre y su entorno. La obra no ofrece soluciones fáciles ni finales edulcorados; es un testimonio gráfico de un periodo sangriento, narrado con una maestría visual que convierte cada página en una pieza de arte oscuro. Es, en definitiva, una exploración de hasta dónde puede llegar un individuo para proteger su legado cuando todo lo que conoce está destinado a desaparecer bajo el peso de la historia.

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