Galaxia Cero: La vanguardia de la ciencia ficción en el cómic español
*Galaxia Cero*, la obra cumbre de Ricard Ferrándiz, representa uno de los hitos más sofisticados y visualmente impactantes de la historieta de ciencia ficción producida en España durante la década de los ochenta. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Cairo* y posteriormente recopilada por Norma Editorial, esta obra se desmarca de las convenciones del género para ofrecer una experiencia estética y narrativa que bebe directamente de la modernidad europea y la corriente de la "línea clara" evolucionada.
La trama nos sitúa en un futuro indeterminado, en un cosmos vasto y fragmentado donde la humanidad ha colonizado sistemas remotos, pero ha perdido en el proceso gran parte de su cohesión ética y social. La narrativa sigue los pasos de un grupo de personajes que operan en los márgenes de la legalidad y de las grandes corporaciones intergalácticas. El eje central no es solo la supervivencia, sino la búsqueda de un propósito en un universo que parece haber agotado sus recursos espirituales. A través de misiones que mezclan el espionaje, el rescate y la exploración de sectores prohibidos, los protagonistas se ven envueltos en una red de conspiraciones que amenazan el precario equilibrio de la galaxia conocida.
Lo que define a *Galaxia Cero* y la eleva por encima de otros productos de su época es el rigor de su construcción de mundo. Ferrándiz no se limita a dibujar naves y planetas; diseña una arquitectura tecnológica y social coherente. El entorno de la obra está dominado por una tecnología que, aunque avanzada, se siente vivida, desgastada y, en ocasiones, opresiva. Los escenarios urbanos son laberintos de metal y neón que contrastan con la desolación de los paisajes planetarios vírgenes, creando una dualidad visual que refuerza el sentimiento de aislamiento de los personajes.
Desde el punto de vista artístico, el trabajo de Ferrándiz es meticuloso. Su estilo se caracteriza por una limpieza de trazo absoluta, heredera de la escuela franco-belga pero imbuida de una frialdad geométrica muy personal. El uso del color es fundamental: paletas cromáticas medidas que definen la atmósfera de cada sistema estelar, huyendo de los colores primarios estridentes para abrazar tonos pastel, grises industriales y degradados que aportan una profundidad casi arquitectónica a las viñetas. Cada página es una lección de composición, donde el diseño de los vehículos y la indumentaria de los personajes reflejan una atención al detalle propia de un diseñador industrial.
Narrativamente, el cómic opta por un ritmo pausado, casi cinematográfico. Ferrándiz se toma su tiempo para mostrar la inmensidad del espacio y la soledad del individuo frente a la máquina. No es un cómic de acción frenética, aunque la hay; es un cómic de atmósfera. El silencio juega un papel crucial en la narrativa, permitiendo que el lector se sumerja en la psicología de los personajes a través de sus gestos y de su interacción con el entorno tecnológico. Los diálogos son precisos, evitando la sobreexposición y permitiendo que la imagen cargue con el peso de la historia.
El trasfondo sociopolítico de *Galaxia Cero* también merece mención. La obra explora temas como la deshumanización producida por el avance tecnológico descontrolado, la alienación en las megaciudades espaciales y la corrupción inherente al poder absoluto. A pesar de su ambientación futurista, los conflictos que plantea son profundamente humanos y contemporáneos, lo que otorga a la obra una vigencia sorprendente décadas después de su creación.
En conclusión, *Galaxia Cero* es mucho más que una aventura espacial. Es un ejercicio de estilo y una reflexión sobre el destino de la especie humana entre las estrellas. Para el lector especializado, representa la madurez del cómic español de autor, donde la ambición visual se encuentra con una narrativa inteligente y contenida. Es una pieza imprescindible para entender la evolución de la ciencia ficción en el noveno arte, consolidando a Ricard Ferrándiz como un visionario capaz de dotar al vacío del espacio de una belleza gélida y fascinante.