Don Canuto y Mollete 1-3

Don Canuto y Mollete: La maestría de la picaresca en la Escuela Bruguera

Dentro del vasto ecosistema de la historieta española del siglo XX, la obra de Manuel Vázquez destaca por una vitalidad y un cinismo que la diferencian del resto de sus contemporáneos. *Don Canuto y Mollete*, publicada originalmente en las páginas de la revista *El DDT* a finales de la década de los 50, representa uno de los pilares fundamentales para entender la evolución del humor gráfico en España. Los volúmenes que comprenden del 1 al 3 de sus aventuras recopiladas ofrecen una radiografía precisa de una sociedad en transformación, articulada a través de la relación entre dos personajes antitéticos que beben directamente de la tradición literaria del Siglo de Oro.

La premisa de la serie se asienta sobre un arquetipo clásico: el binomio del amo y el criado, o el hidalgo y el escudero, convenientemente actualizados a la realidad urbana y precaria de la posguerra española. Don Canuto es un hombre alto, enjuto, de facciones afiladas y una dignidad impostada que roza lo patológico. Viste siempre de etiqueta, con un sombrero de copa que simboliza sus aspiraciones de grandeza y su pertenencia —real o imaginaria— a una clase social superior. Es el vivo retrato del "quiero y no puedo", un estafador de medio pelo que busca constantemente el ascenso social o el enriquecimiento rápido sin recurrir al trabajo honesto.

Frente a él se encuentra Mollete, su contrapunto físico y psicológico. Bajo, rechoncho y de apariencia bonachona, Mollete ejerce de asistente, secretario y, sobre todo, de víctima propiciatoria de los delirios de su jefe. A diferencia de otros criados de la ficción, Mollete no posee una malicia intrínseca, sino una ingenuidad que a menudo actúa como el catalizador involuntario del desastre. La dinámica entre ambos es el motor narrativo de la obra: Canuto urde planes complejos y moralmente cuestionables, mientras que Mollete, ya sea por torpeza o por una honestidad mal entendida, termina por desmoronar el castillo de naipes de su superior.

Desde un punto de vista técnico, los números 1 al 3 de esta serie muestran a un Vázquez en pleno dominio de sus facultades narrativas. El dibujo es dinámico, caracterizado por una línea nerviosa que dota a los personajes de una expresividad cinética inigualable. En estas páginas, el lector puede observar cómo el autor rompe con la rigidez de las viñetas tradicionales de la época. Los personajes de Vázquez no solo se mueven; parecen vibrar en el papel. El uso del espacio blanco y la economía de detalles en los fondos permiten que la atención se centre exclusivamente en la gestualidad y en el ritmo del gag, que suele culminar en una persecución o en una derrota estrepitosa para Don Canuto.

El guion de estas entregas se aleja de la moraleja blanca para abrazar un humor negro y una sátira social punzante. A través de las peripecias de este dúo, Vázquez critica la burocracia, la hipocresía de las apariencias y la precariedad económica. Don Canuto no es un villano al uso, sino un superviviente que utiliza la retórica y el engaño para mantenerse a flote en un mundo que le es hostil. Por su parte, Mollete representa la resignación de la clase trabajadora, atrapada en una jerarquía que no comprende del todo pero que acata con una mezcla de fidelidad y desconcierto.

La estructura de las historias contenidas en estos volúmenes suele seguir un patrón de ascenso y caída. Cada aventura comienza con una oportunidad de negocio, un encargo social o un plan de seducción por parte de Canuto. A medida que la trama avanza, la tensión crece debido a las complicaciones externas y a las meteduras de pata de Mollete, hasta llegar a un clímax donde la realidad golpea con fuerza las pretensiones del protagonista. Es en este fracaso reiterado donde reside la genialidad de la obra: el lector empatiza con el perdedor, reconociendo en sus derrotas una verdad universal sobre la condición humana.

En conclusión, *Don Canuto y Mollete 1-3* no es solo una recopilación de

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