La serie 'Trent', creada por el guionista Rodolphe (Rodolphe Daniel Jacquette) y el dibujante Leo (Luiz Eduardo de Oliveira), representa una de las cumbres del cómic franco-belga de finales del siglo XX. Publicada originalmente entre 1991 y 2000, esta obra se aleja de los cánones tradicionales del *western* estadounidense para adentrarse en el "Northern", un subgénero ambientado en las gélidas tierras del Canadá de finales del siglo XIX. La propuesta de los autores no busca la espectacularidad del tiroteo gratuito, sino la profundidad psicológica y la contemplación de la naturaleza humana frente a la adversidad.
La trama sigue los pasos de Philip Trent, un sargento de la Policía Montada del Noroeste. Trent no es el héroe invulnerable y carismático al que el género nos tiene acostumbrados; es un hombre lacónico, profundamente introspectivo y marcado por una soledad que parece emanar de los mismos paisajes nevados que recorre. Su uniforme rojo, el distintivo icónico de su cuerpo, actúa como el único punto de color cálido en un entorno dominado por el blanco cegador de la nieve, el gris de los cielos plomizos y el verde oscuro de los bosques de coníferas. Esta elección cromática no es baladí: subraya la posición del protagonista como un agente del orden y la civilización en un territorio salvaje e implacable.
El escenario es, de hecho, un personaje más. La inmensidad del Canadá septentrional dicta el ritmo de la narración. A diferencia de otros cómics de aventuras, 'Trent' se toma su tiempo. El ritmo es pausado, permitiendo que el lector sienta el frío, el silencio de los bosques y el aislamiento de los puestos fronterizos. Las misiones de Trent suelen comenzar con un encargo oficial —la búsqueda de un fugitivo, la investigación de un asesinato o la escolta de un prisionero—, pero pronto derivan en dilemas morales complejos. Rodolphe huye de los maniqueísmos; en este mundo, la línea entre el criminal y la víctima es a menudo borrosa, y la justicia es un concepto difícil de aplicar cuando la supervivencia es la prioridad absoluta.
Desde el punto de vista gráfico, el trabajo de Leo es magistral y fundamental para la identidad de la obra. Conocido posteriormente por sus sagas de ciencia ficción como 'Aldebarán', en 'Trent' demuestra una capacidad asombrosa para el realismo sucio y detallado. Su dibujo es limpio pero cargado de texturas. La expresividad de los rostros de Leo permite que gran parte de la historia se cuente a través de miradas y silencios, reduciendo la necesidad de diálogos explicativos. La arquitectura de los fuertes, el diseño de las vestimentas de la época y la anatomía de los caballos están representados con una precisión documental que dota a la serie de una verosimilitud inmersiva.
A lo largo de los ocho álbumes que componen la serie, asistimos a una evolución sutil pero constante del protagonista. Trent se enfrenta no solo a forajidos y a la naturaleza, sino a sus propios fantasmas y a una melancolía existencial que lo define. La relación con su caballo y sus breves encuentros con personajes secundarios —a menudo tan solitarios como él— sirven para desgranar su código de honor y su ética inquebrantable, incluso cuando el sistema al que sirve parece fallar.
'Trent' es una obra que apela a un lector maduro que busca en el noveno arte algo más que acción. Es una meditación sobre la soledad, el deber y la fragilidad de la condición humana.