Yaguareté, con guion de Fabián Mezquita y dibujos de Víctor Arriola, es una de las obras más representativas de la historieta argentina independiente de las últimas décadas. Publicada originalmente bajo el sello editorial La Duendes, esta obra se aleja de los tropos convencionales del superhéroe estadounidense para sumergirse en una narrativa que fusiona el género policial, el misticismo guaraní y la crítica social, logrando una identidad propia profundamente arraigada en el territorio sudamericano.
La trama gira en torno a Nahuel, un hombre que se convierte en el receptáculo de una fuerza ancestral: el espíritu del yaguareté, el "verdadero jaguar", el depredador máximo de la selva paranaense. Sin embargo, la historia no se limita a la exhibición de habilidades sobrehumanas. El cómic explora la dualidad entre el hombre y la bestia, y cómo esta conexión mística se manifiesta en un entorno contemporáneo marcado por la corrupción, la desigualdad y la degradación ambiental. La premisa establece que el manto del Yaguareté no es un regalo, sino una responsabilidad ligada a la protección de la tierra y de aquellos que han sido olvidados por el sistema.
Uno de los pilares fundamentales de la obra es su ambientación. La narrativa se desplaza con fluidez entre la espesura húmeda del litoral argentino y la frialdad de los entornos urbanos. Esta transición no es solo geográfica, sino también espiritual. En la selva, el protagonista se enfrenta a fuerzas que amenazan el equilibrio natural, como la deforestación y la caza furtiva; en la ciudad, el conflicto se traslada a las mafias, la delincuencia organizada y la desidia institucional. Esta dualidad permite que el cómic funcione como un *noir* místico, donde las sombras de los callejones se confunden con las sombras de la selva.
Visualmente, el trabajo de Víctor Arriola es determinante para la atmósfera de la obra. Utilizando un blanco y negro de alto contraste, Arriola logra capturar la ferocidad del animal y la melancolía del hombre. Su trazo es detallado y orgánico, capaz de representar con la misma eficacia la textura del pelaje de un felino y la suciedad de un entorno industrial. El uso de las sombras no es meramente estético; sirve para subrayar la naturaleza oculta del protagonista y la ambigüedad moral de los antagonistas. La composición de las viñetas suele ser dinámica, priorizando la sensación de acecho y movimiento explosivo que caracteriza al depredador que da nombre al cómic.
Desde el punto de vista temático, *Yaguareté* destaca por su recuperación de la mitología indígena. No lo hace desde una perspectiva museística o folclórica, sino integrando el mito en la realidad cruda del siglo XXI. La figura del "hombre-jaguar" se convierte en un símbolo de resistencia cultural y ecológica. El guion de Mezquita evita los diálogos expositivos innecesarios, permitiendo que la acción y el simbolismo visual narren la carga que Nahuel lleva sobre sus hombros. La lucha del protagonista es, en última instancia, una búsqueda de justicia en un mundo que parece haber perdido su brújula ética.
En resumen, *Yaguareté* es una pieza clave para entender la evolución del género de aventuras en la historieta nacional argentina. Es un cómic que respeta sus raíces pero que busca proyectarse con una voz moderna y descarnada. Al prescindir de los colores brillantes y las capas heroicas, Mezquita y Arriola entregan una obra visceral que invita a la reflexión sobre nuestra relación con la