*Mayam* es una de las obras más singulares y ambiciosas dentro del panorama de la historieta franco-belga de finales de los años 90 y principios de los 2000. Guionizada por el prolífico Stephen Desberg y dibujada con un estilo detallista y orgánico por Koller, esta serie se aleja de los tropos convencionales de la ciencia ficción para adentrarse en un terreno donde la teología, la diplomacia y el comercio se entrelazan de forma indisoluble. La obra propone una reflexión profunda sobre la naturaleza de la fe y el poder, estructurada bajo la apariencia de una aventura espacial de corte épico.
La trama se sitúa en el planeta Mayam, un mundo que actúa como el epicentro espiritual de la galaxia. En este entorno, la religión no es solo una cuestión de creencia personal, sino el motor absoluto de la economía y la política. Mayam alberga miles de cultos diferentes, cada uno con sus propios dioses, reliquias y promesas de salvación. Sin embargo, lo que hace único a este planeta es que los milagros y las manifestaciones divinas son tangibles y, por lo tanto, comercializables. La fe es la moneda de cambio más valiosa, y las distintas facciones religiosas compiten ferozmente por el control de los lugares sagrados y la influencia sobre los peregrinos que llegan de todos los rincones del universo.
El protagonista de la historia es Leonard, un hombre que ostenta el título de «Conciliador». Su función es extremadamente compleja y peligrosa: actúa como un mediador diplomático y un negociador de alto nivel encargado de resolver conflictos entre las diversas iglesias y los intereses comerciales que las rodean. Leonard es un personaje cínico, pragmático y profundamente desencantado, que conoce mejor que nadie los engranajes de corrupción y ambición que se esconden tras las fachadas de santidad. Su trabajo no consiste en buscar la verdad espiritual, sino en mantener un equilibrio precario que evite que las tensiones religiosas desemboquen en una guerra abierta que destruiría la estabilidad del planeta.
La narrativa se dispara cuando Leonard se ve envuelto en una misión que trasciende sus tareas habituales de mediación. Se le encomienda la búsqueda de un objeto de poder legendario o la protección de figuras clave que podrían alterar el statu quo de Mayam. A medida que la trama avanza, el protagonista debe navegar por un laberinto de intrigas palaciegas, traiciones sectarias y revelaciones que ponen en duda la legitimidad de los dioses que todos dicen adorar. La historia no se limita a la acción física, sino que dedica gran parte de su metraje a explorar los dilemas éticos de un hombre que debe decidir si servir al orden establecido o buscar una verdad que podría desmantelar todo el sistema social de su mundo.
Visualmente, el trabajo de Koller es fundamental para dotar a *Mayam* de su identidad única. El diseño de producción del cómic huye de la estética limpia y tecnológica de la ciencia ficción clásica. En su lugar, presenta un mundo abigarrado, denso y visualmente saturado, donde la arquitectura monumental de los templos convive con la suciedad de los mercados y la extrañeza de las diversas razas alienígenas. El dibujo de Koller destaca por su capacidad para retratar lo grotesco y lo sublime simultáneamente, capturando la esencia de un planeta que es, a la vez, un lugar de iluminación espiritual y un nido de codicia humana.
En definitiva, *Mayam* es un cómic que utiliza el escenario del *space opera* para diseccionar mecanismos sociales muy reales. A través de la figura del Conciliador, Desberg plantea preguntas incómodas sobre cómo las instituciones utilizan la esperanza y el miedo para perpetuarse en el poder. Es una obra densa, que requiere una lectura atenta para desgranar la complejidad de su universo, pero que recompensa al lector con una de las visiones más originales y maduras de la ciencia ficción europea contemporánea, evitando soluciones fáciles y manteniendo una tensión constante entre lo sagrado y lo profano.