El Diablo de los Siete Mares

El Diablo de los Siete Mares es una obra fundamental dentro del catálogo del cómic europeo contemporáneo, fruto de la colaboración creativa entre el veterano maestro belga Hermann Huppen y su hijo, el guionista Yves H. Publicada originalmente en dos volúmenes bajo el sello de la prestigiosa colección *Aire Libre* de Dupuis, esta obra se erige como una deconstrucción cruda y magistral del género de piratería, alejándose radicalmente de las visiones románticas y edulcoradas que a menudo han caracterizado a este tipo de relatos en la literatura y el cine.

La historia nos sitúa en pleno siglo XVIII, una época donde los océanos eran el escenario de una lucha encarnizada por el control de las rutas comerciales y las riquezas del Nuevo Mundo. Sin embargo, el lector no encontrará aquí héroes de capa y espada ni aventuras galantes. El escenario que plantean los autores es sucio, húmedo y letal. La trama sigue los pasos de Hyacinthe, un hombre cuyo apodo da título a la obra y cuya reputación precede a su presencia. Hyacinthe no es un capitán carismático al uso; es un individuo marcado por la violencia, cuya moralidad es tan turbia como las aguas de un puerto tras una tormenta.

El relato arranca con una premisa clásica: la búsqueda de un botín legendario. No obstante, Yves H. subvierte las expectativas del género al centrar el peso narrativo no en el tesoro en sí, sino en las complejas dinámicas de poder, la desconfianza mutua y la degradación moral de quienes lo persiguen. La expedición se convierte rápidamente en un descenso a los infiernos personales de cada personaje. Hyacinthe lidera una tripulación de parias, hombres que han sido escupidos por la sociedad y que solo encuentran en la piratería una forma desesperada y brutal de supervivencia. A medida que el navío surca los mares, la tensión entre los hombres crece, alimentada por la ambición, el miedo y la sombra constante de la traición.

Visualmente, Hermann demuestra por qué es considerado uno de los grandes pilares del noveno arte. Su estilo, caracterizado por un uso magistral de la técnica del color directo y un trazo detallado pero profundamente orgánico, logra transmitir la opresión de la vida a bordo de un barco de madera. Los rostros de los personajes son auténticos mapas de sus propias miserias; cada arruga, cada cicatriz y cada mirada perdida cuenta una historia de privación y violencia. Los paisajes marinos, lejos de ser postales idílicas, se presentan como fuerzas de la naturaleza indiferentes al destino de los hombres, capaces de devorar barcos y tripulaciones sin dejar rastro.

Uno de los puntos fuertes de este cómic es su capacidad para retratar la piratería como una consecuencia inevitable de un sistema colonial opresivo y desigual. En el mundo de El Diablo de los Siete Mares, no existe una distinción clara entre los "buenos" y los "malos". Los representantes de la ley y la corona son a menudo tan crueles, cínicos y corruptos como los propios piratas a los que persiguen. Esta ambigüedad moral es el núcleo

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