Cara de Perro, la obra de Miguel B. Núñez publicada originalmente en 2017, se erige como una de las crónicas más lúcidas y descarnadas sobre la adolescencia en la periferia madrileña de mediados de los años ochenta. Lejos de la visión glamurizada y colorista que a menudo se proyecta sobre la Movida Madrileña, este cómic se sumerge en el asfalto de los barrios obreros para narrar el tránsito vital de un grupo de jóvenes cuya identidad está indisolublemente ligada al heavy metal y a la búsqueda de un lugar en un mundo que parece no tener espacio para ellos.
La narrativa se sitúa cronológicamente entre 1984 y 1986. El protagonista es un adolescente que, junto a su círculo de amigos, vive la explosión de una subcultura que servía de refugio y declaración de guerra: el "heavy". A través de sus páginas, Núñez no solo retrata una estética de melenas, chalecos de parches y casetes grabadas, sino que profundiza en la psicología de una generación que creció a la sombra de los bloques de hormigón, en un contexto social marcado por el desencanto post-transición, el paro estructural y la amenaza omnipresente de la heroína.
El guion de Cara de Perro se estructura de forma episódica, capturando momentos aparentemente mundanos que, acumulados, construyen un retrato fidedigno de la pérdida de la inocencia. La trama evita los giros melodramáticos artificiales para centrarse en la autenticidad de las conversaciones en los bancos del parque, las incursiones en las tiendas de discos del centro de Madrid y la tensión constante entre el deseo de libertad y las limitaciones impuestas por el entorno familiar y escolar. La música actúa aquí no solo como banda sonora, sino como un elemento vertebrador que define las lealtades y las enemistades de los personajes.
Uno de los puntos fuertes de la obra es su capacidad para capturar la atmósfera de una época sin caer en la nostalgia vacía. Núñez describe con precisión quirúrgica la hostilidad de la calle y la vulnerabilidad de unos personajes que ocultan sus miedos tras una fachada de dureza. El título, Cara de Perro, alude precisamente a esa expresión de resistencia, a esa máscara de agresividad necesaria para sobrevivir en un entorno donde la debilidad se paga cara. Sin embargo, bajo esa superficie, el autor explora temas universales como la amistad masculina, el despertar sexual, la frustración ante un futuro incierto y la compleja relación con los padres, quienes a menudo aparecen como figuras desbordadas por la realidad económica y social.
Visualmente, el cómic destaca por un estilo de dibujo que bebe del underground, con un trazo sucio pero extremadamente expresivo que encaja a la perfección con el tono de la historia. El uso del blanco y negro, con un fuerte contraste y un sombreado que acentúa la crudeza de los escenarios, refuerza la sensación de realismo sucio. Núñez demuestra un dominio notable de la narrativa visual, utilizando composiciones de página que alternan entre la claustrofobia de los interiores y la desolación de los descampados urbanos, logrando que el lector sienta el frío y el olor a humo de los barrios de la época.
En definitiva, Cara de Perro es una novela gráfica esencial para entender una parte fundamental de la historia reciente de España que a menudo queda fuera de los libros de texto. Es un ejercicio de memoria histórica desde la base, una obra que dignifica la cultura de barrio y que analiza con honestidad los ritos de paso de una juventud que, entre el ruido de las guitarras eléctricas y el silencio de las calles vacías, intentaba desesperadamente encontrar un sentido a su existencia. Sin concesiones ni adornos innecesarios, Miguel B. Núñez entrega un relato honesto, duro y profundamente humano sobre lo que significaba ser joven, heavy y de clase obrera en el Madrid de los ochenta.