Doctor Who: El Décimo Doctor – Año 3 representa la culminación de una de las etapas más ambiciosas y creativas en la historia expandida de la franquicia británica bajo el sello de Titan Comics. Tras dos años de aventuras que expandieron significativamente el canon del Doctor interpretado por David Tennant, esta tercera entrega se consolida como una epopeya de ciencia ficción que aprovecha la libertad del formato impreso para llevar al Señor del Tiempo a lugares que el presupuesto televisivo de mediados de los 2000 difícilmente habría podido alcanzar.
La narrativa de este tercer año, orquestada principalmente por el guionista Nick Abadzis, se aleja de la estructura puramente episódica para abrazar una continuidad densa y gratificante. La historia comienza situándonos en un punto de inflexión para el equipo de la TARDIS. El Décimo Doctor no viaja solo; lo acompañan Gabby Gonzalez, la artista de Brooklyn que ha evolucionado de ser una joven insegura a una viajera experimentada con habilidades latentes sorprendentes, y Cindy Wu, cuya perspectiva pragmática y moderna equilibra la dinámica del grupo. Esta formación de "equipo TARDIS" es fundamental, ya que el Año 3 explora profundamente los lazos emocionales y las tensiones que surgen cuando tres personalidades tan distintas comparten los confines de una nave espacio-temporal.
El arco argumental principal de este volumen se centra en las ramificaciones de las acciones pasadas del Doctor y en la naturaleza misma del tiempo. La trama arranca con el arco titulado "Breakfast at Tyranny’s", donde el equipo se ve atrapado en una realidad distorsionada que desafía sus percepciones. A partir de aquí, la serie se sumerge en una red de misterios que involucran entidades cósmicas ancestrales, paradojas temporales y la amenaza constante de fuerzas que operan en las sombras del universo. Uno de los mayores aciertos de Abadzis es cómo logra entrelazar elementos de la mitología clásica de la serie con conceptos de ciencia ficción dura, como la computación de transferencia de bloques y la manipulación de la materia a través del pensamiento.
A diferencia de los años anteriores, el Año 3 tiene un tono notablemente más introspectivo y, por momentos, sombrío. Se explora la carga que supone ser el "Último de los Señores del Tiempo" en una etapa de su vida que cronológicamente se sitúa cerca de sus últimos especiales televisivos. El Doctor se enfrenta a dilemas morales sobre su influencia en la vida de sus acompañantes, cuestionando si su presencia es una bendición o una maldición para aquellos que deciden seguirlo. Gabby, en particular, recibe un desarrollo de personaje excepcional, explorando sus crecientes capacidades psíquicas vinculadas a su arte, lo que añade una capa de misticismo visual a la obra.
En el apartado artístico, el cómic cuenta con el talento de dibujantes como Giorgia Sposito y Mariano Laclaustra. El trabajo de Sposito es especialmente loable por su capacidad para capturar la fisonomía y la energía cinética de David Tennant sin caer en el fotorrealismo estático. Las páginas están llenas de dinamismo, con composiciones de paneles que reflejan el caos y la maravilla de los viajes espaciales. El diseño de las nuevas razas alienígenas y los paisajes de planetas lejanos es imaginativo, alejándose de los tropos habituales para ofrecer algo visualmente fresco. El uso del color juega un papel narrativo crucial, diferenciando las épocas y los estados emocionales de los protagonistas con una paleta vibrante pero equilibrada.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, el Año 3 también destaca por cómo maneja el regreso de ciertos elementos icónicos del universo de Doctor Who, dándoles un giro que justifica su presencia en esta narrativa específica. No se trata de simple "fan service", sino de piezas necesarias para un rompecabezas cósmico que se va armando página tras página. La tensión aumenta progresivamente hacia un clímax que pone a prueba la resolución del Doctor y la lealtad de sus amigas, enfrentándolos a una escala de peligro que amenaza no solo sus vidas, sino la integridad misma de la línea temporal.
En conclusión, Doctor Who: El Décimo Doctor – Año 3 es una lectura esencial para cualquier seguidor de la serie que desee ver una versión más madura y compleja de esta encarnación. Es un cómic que entiende perfectamente la voz del personaje —su entusiasmo casi infantil mezclado con una melancolía milenaria— y lo sitúa en un escenario de gran escala donde las consecuencias son reales y permanentes. Es una obra que demuestra que, incluso para un viajero del tiempo, el futuro siempre guarda sorpresas impredecibles.