Dentro del vasto y ambicioso ecosistema que supuso el sello Ultraverse de Malibu Comics a principios de los años 90, ninguna figura resultó tan perturbadora, magnética y visualmente arrolladora como Rune. Creado por el legendario autor Barry Windsor-Smith, este título no solo se desmarcó de la estética convencional de los superhéroes de la época, sino que redefinió el concepto de "vampirismo" trasladándolo a una escala cósmica y existencial.
La premisa de *Rune* nos introduce a un protagonista que rompe con cualquier arquetipo heroico. Rune es un alienígena milenario, una criatura de aspecto decrépito, piel arrugada y alas membranosas que evoca la imagen de un gárgola viviente o un demonio surgido de las pesadillas de la antigüedad. Sin embargo, su naturaleza es puramente biológica y depredadora: es un parásito de energía vital. A diferencia de los vampiros del folclore, Rune no busca sangre, sino el "Factor-Gen" y la esencia mística de otros seres poderosos, conocidos en este universo como "Ultras".
La narrativa del cómic se estructura en torno a la eterna búsqueda de sustento de este ser. Rune padece una enfermedad degenerativa que consume su cuerpo de forma constante; sin una fuente externa de energía, su organismo se colapsaría. Esta necesidad fisiológica lo convierte en una fuerza de la naturaleza amoral. No mata por maldad intrínseca, sino por una necesidad biológica absoluta, lo que dota a la serie de un tono de horror cósmico donde la supervivencia del más fuerte es la única ley válida.
El guion y el arte de Windsor-Smith (con colaboraciones de Chris Ulm) dotan a la obra de una atmósfera densa y barroca. La historia nos revela, a través de saltos temporales y una mitología propia muy rica, que Rune ha estado presente en la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales, siendo adorado como un dios oscuro o temido como una maldición en diferentes civilizaciones. El cómic explora cómo este ser ha manipulado el curso de la historia para asegurar su propia supervivencia, manteniéndose siempre en las sombras, observando el surgimiento de los nuevos seres superpoderosos como si fueran ganado listo para el sacrificio.
Uno de los pilares fundamentales de *Rune* es su conexión con el "God-Wheel" (la Rueda de los Dioses), un concepto cosmológico que expande el alcance de la serie más allá de la Tierra. La obra profundiza en el origen alienígena de Rune y su relación con fuerzas primordiales, estableciendo un puente entre la ciencia ficción más cruda y la fantasía oscura. A medida que la trama avanza, el lector descubre que Rune no es solo un depredador solitario, sino una pieza clave en un juego de ajedrez cósmico que involucra artefactos de poder inimaginable, capaces de alterar la realidad misma.
Visualmente, el cómic es una obra maestra del detalle. El estilo de Windsor-Smith, caracterizado por un trazo meticuloso y una composición de página orgánica, logra transmitir la fragilidad y, al mismo tiempo, la inmensa peligrosidad del protagonista. Cada panel está cargado de una textura casi táctil, donde la decrepitud de Rune contrasta con la vitalidad explosiva de sus víctimas. La violencia en la serie es visceral y cruda, pero siempre está al servicio de la narrativa, subrayando la desesperación de un ser que se niega a morir.
En resumen, *Rune* es una exploración sobre la inmortalidad, el hambre y el coste del poder. No es un cómic de buenos contra malos, sino una crónica sobre un superviviente definitivo que ve el universo entero como una despensa. Para el lector que busca una experiencia alejada de los tropos brillantes del género de capas y mallas, este título ofrece una inmersión en un rincón oscuro, sofisticado y visualmente fascinante del noveno arte, consolidándose como la joya de la corona del desaparecido Ultraverse. Su importancia radica en cómo logró fusionar el horror con la épica espacial, dejando una huella imborrable en la narrativa de los años 90.