The Cleaners

Publicado por Dark Horse Comics, *The Cleaners* es una propuesta que se aleja de los tropos convencionales del género de superhéroes para adentrarse en los rincones más oscuros y viscerales del horror urbano y el suspense procedimental. Escrita por Mark Wheaton y Joshua Hale Fialkov, con el arte atmosférico de Rahsan Ekedal, esta obra se posiciona como una pieza de culto para aquellos lectores que buscan una narrativa donde lo sobrenatural se trata con una frialdad casi quirúrgica.

La premisa de la serie gira en torno a una unidad especializada de limpieza, pero no una convencional. El equipo protagonista no se encarga de simples escenas de crímenes comunes; su jurisdicción comienza donde termina la lógica de la policía de Los Ángeles. Estos "limpiadores" son los encargados de higienizar y erradicar los restos biológicos y metafísicos de eventos que desafían la explicación racional: desde infestaciones inexplicables hasta masacres que sugieren la intervención de fuerzas que la sociedad prefiere ignorar.

El eje central de la narrativa es Robert Bellarmine, un hombre cuyo pasado como médico caído en desgracia le otorga una perspectiva única y cínica sobre la mortalidad y la suciedad. Bellarmine no es un cazador de monstruos en el sentido clásico; es un profesional del trauma que entiende que el verdadero peligro no siempre es la entidad que causa el caos, sino el "residuo" que deja atrás. Su filosofía se basa en la idea de que todo evento violento deja una mancha, y si esa mancha no se elimina correctamente, puede propagarse como una infección, afectando la realidad misma de quienes entran en contacto con ella.

Acompañando a Bellarmine se encuentra un equipo de especialistas que operan en las sombras de la metrópolis. Juntos, funcionan como una suerte de forenses de lo oculto. La dinámica del grupo está marcada por el pragmatismo y una pesada carga psicológica, ya que su trabajo los expone constantemente a horrores que el ojo humano no está diseñado para procesar. A diferencia de otras historias de terror donde el clímax es la confrontación con el mal, en *The Cleaners* el foco se pone en las secuelas: el rastro de sangre que no se detiene, los parásitos que se alimentan del dolor y la burocracia necesaria para mantener el mundo bajo una apariencia de normalidad.

Visualmente, el trabajo de Rahsan Ekedal es fundamental para establecer el tono de la obra. Su estilo, caracterizado por un uso intensivo de las sombras y una atención meticulosa al detalle en las texturas de la degradación orgánica, refuerza la sensación de incomodidad. Los escenarios urbanos de Los Ángeles se presentan no como una ciudad de luces, sino como un organismo enfermo, lleno de callejones húmedos y habitaciones cerradas donde algo terrible acaba de suceder. El arte logra transmitir esa sensación de "suciedad" que es central en el guion, haciendo que el lector casi pueda percibir el olor a antiséptico mezclado con la putrefacción.

*The Cleaners* destaca por su enfoque en el "horror biológico" y su capacidad para construir un mundo donde lo fantástico es tratado como una amenaza de salud pública. No hay espacio para el asombro ante lo desconocido, solo para la contención y la limpieza. La serie explora temas como la redención, la obsesión por la higiene y la delgada línea que separa la ciencia de la superstición. Es una lectura densa, que evita los sustos fáciles para centrarse en una atmósfera de pavor constante y en la fascinación morbosa por lo que queda después de que la tragedia ha ocurrido.

En resumen, este cómic es una exploración procedimental del horror que redefine el concepto de "limpiar el desorden". Para Bellarmine y su equipo, el mal no es una fuerza abstracta, sino una sustancia física que debe ser restregada, desinfectada y eliminada antes de que el resto del mundo se dé cuenta de que estuvo allí. Es una obra imprescindible para quienes disfrutan de relatos como *Hellblazer* o *B.P.R.D.*, pero con un giro más terrenal, sucio y profundamente perturbador.

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