Papacuentos

*Papacuentos*, la obra de Gustavo Sala publicada por la editorial Hotel de las Ideas, representa un punto de inflexión narrativo y emocional en la trayectoria de uno de los autores más prolíficos y singulares del cómic argentino contemporáneo. Conocido habitualmente por su humor corrosivo, escatológico y profundamente absurdo en tiras como *Bife Angosto* o *Tortas de mierda*, Sala se desplaza en esta novela gráfica hacia un terreno mucho más íntimo, aunque sin abandonar las señas de identidad estéticas que lo han definido durante décadas.

La premisa de *Papacuentos* se construye sobre la base de la autoficción. El protagonista es el propio autor, quien entabla un diálogo constante —a veces real, a veces imaginario— con la figura de su padre. El título no es casual: hace referencia a la capacidad del progenitor para inventar relatos, anécdotas y universos fantásticos durante la infancia del dibujante. Sin embargo, el cómic no se limita a ser una recopilación de cuentos infantiles, sino que utiliza esos relatos como un prisma para observar la complejidad de los vínculos familiares, el paso del tiempo y la inevitable decadencia física.

Estructuralmente, la obra se organiza en una alternancia de planos temporales y narrativos. Por un lado, asistimos a la realidad cotidiana del presente, donde el autor lidia con la vejez de su padre, las visitas médicas y la fragilidad de la memoria. Por otro lado, el cómic da vida a las historias que el padre contaba, transformando el papel en un escenario donde lo onírico y lo grotesco se dan la mano. Esta dualidad permite que el lector transite desde la melancolía de un hospital hasta la explosión creativa de un relato sobre personajes imposibles, logrando un equilibrio que evita tanto el sentimentalismo fácil como el cinismo absoluto.

Desde el punto de vista gráfico, Sala mantiene su estilo deudor del *underground*, caracterizado por un trazo nervioso, figuras deformadas y una expresividad que bordea lo caricaturesco. No obstante, en *Papacuentos* se percibe una intención narrativa más pausada. El uso del blanco y negro, con una gestión del contraste muy marcada, refuerza la atmósfera de introspección. Las viñetas no solo contienen la acción, sino que a menudo se ven desbordadas por la verborragia de los personajes, reflejando esa necesidad humana de seguir contando historias incluso cuando el cuerpo o la mente empiezan a fallar.

Uno de los pilares fundamentales del cómic es la exploración del proceso creativo. Sala se pregunta de dónde vienen las ideas y cuánto de su propia identidad como artista le debe a esas ficciones fundacionales que escuchó de niño. El "Papacuentos" funciona como el primer editor, el primer guionista y la primera influencia de un hijo que terminó haciendo de la invención su modo de vida. Esta dimensión metaficcional eleva la obra por encima de la biografía convencional, convirtiéndola en un ensayo sobre la herencia inmaterial.

El tono de la obra es una de sus mayores virtudes. Aunque hay momentos de una tristeza profunda, el humor característico de Sala actúa como una válvula de escape necesaria. Es un humor que nace de la observación de lo cotidiano y de la aceptación de lo absurdo que resulta el proceso de envejecer y morir. No hay solemnidad impostada; hay una honestidad brutal que desarma al lector.

En conclusión, *Papacuentos* es una pieza esencial para entender la madurez artística de Gustavo Sala. Es un cómic que habla sobre la comunicación y el silencio, sobre los mitos domésticos y sobre cómo las historias que nos cuentan de niños terminan siendo el refugio donde nos protegemos de adultos. Sin necesidad de recurrir a giros de guion artificiosos, la obra logra conmover a través de la observación minuciosa de una relación padre-hijo, consolidándose como uno de los trabajos más sólidos y personales de la narrativa gráfica rioplatense reciente

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