Broceliande

La serie de cómics 'Brocéliande', publicada originalmente por la editorial francesa Soleil dentro de su línea de fantasía épica y conceptual, representa una de las exploraciones más ambiciosas y visualmente ricas del folclore bretón y las leyendas artúricas en el noveno arte contemporáneo. Concebida como una antología de siete volúmenes independientes, la obra no se limita a narrar las peripecias de caballeros y magos, sino que eleva al propio bosque de Brocéliande a la categoría de protagonista absoluto, presentándolo como un ente vivo, atemporal y depositario de los secretos más antiguos de la humanidad.

Desde un punto de vista estructural, 'Brocéliande' sigue la estela de otras series conceptuales de la editorial (como 'Elfos' o 'Enanos'), donde cada tomo cuenta con un equipo creativo distinto —guionistas de la talla de Nicolas Jarry, Olivier Peru o Stéphane Betbeder, y dibujantes como Bertrand Benoit o Stéphane Bileau—, pero manteniendo una coherencia estética y temática férrea. Esta diversidad de autores permite que la obra aborde el mito desde múltiples ángulos: desde el lirismo melancólico hasta el horror fantástico o la épica caballeresca.

El eje central de la narrativa es la transición entre mundos. La serie se sitúa en ese espacio liminal donde la magia antigua de los druidas y las criaturas del "Petit Peuple" (korrigans, hadas y elfos) comienza a desvanecerse ante el avance de la cristiandad y la lógica del hombre moderno. El bosque de Brocéliande actúa como el último refugio de lo maravilloso, un laberinto de árboles milenarios donde el tiempo no transcurre de forma lineal.

A lo largo de sus volúmenes, la obra disecciona figuras icónicas pero a menudo bajo una luz renovada. Encontramos, por ejemplo, la figura de Merlín, no solo como el consejero de Arturo, sino como un ser atormentado por su dualidad y su conexión intrínseca con la tierra. También se explora la leyenda de Viviane, la Dama del Lago, y su papel como guardiana de los secretos del bosque, así como el mito del Castillo de Comper o la Fuente de Barenton. Sin embargo, el cómic brilla especialmente cuando se aleja de los nombres más conocidos para centrarse en las criaturas menores del folclore, como los korrigans, cuya relación con el bosque es de una simbiosis absoluta y a menudo violenta.

Visualmente, 'Brocéliande' es un despliegue de virtuosismo técnico. Los artistas logran capturar la atmósfera opresiva y a la vez fascinante de la espesura bretona. El uso del color es fundamental: verdes profundos, ocres terrosos y neblinas azuladas que logran transmitir la humedad y la antigüedad del entorno. El diseño de personajes y criaturas huye de los tropos más genéricos de la fantasía para abrazar una estética más orgánica y enraizada en la naturaleza; los seres mágicos parecen estar hechos de corteza, musgo y piedra.

El guion de cada volumen está cuidadosamente equilibrado para funcionar de forma autoconclusiva, aunque existen hilos conductores sutiles que recompensan al lector que completa la colección. La narrativa evita el maniqueísmo; no hay una lucha simple entre el bien y el mal, sino un conflicto de naturalezas. El bosque protege a quienes lo respetan, pero es implacable con aquellos que intentan profanar su silencio o imponer leyes ajenas a su espíritu.

En resumen, 'Brocéliande' es una obra imprescindible para los amantes de la mitología celta y la fantasía europea. Es un ejercicio de "world-building" basado en la tradición oral, que utiliza el lenguaje del cómic para devolverle al mito su capacidad de asombro. La serie no solo documenta las leyendas de un lugar geográfico real en la Bretaña francesa, sino que construye un monumento a la imaginación colectiva, recordándonos que, mientras existan lugares salvajes, la magia siempre encontrará un lugar donde esconderse. Es una invitación a perderse en la espesura, con la advertencia implícita de que quien entra en Brocéliande nunca regresa siendo la misma persona.

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