Cara de Luna (originalmente *Face de Lune*) representa una de las cumbres creativas del cómic europeo contemporáneo, fruto de la colaboración entre dos gigantes del medio: el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante francés François Boucq. Publicada originalmente a partir de finales de los años 80, esta obra se aleja de las convenciones del género de aventuras para adentrarse en un terreno donde el surrealismo, la sátira política y la metafísica se entrelazan de forma indisoluble.
La historia se sitúa en la isla de Damanuestra, un territorio aislado y azotado perpetuamente por mareas colosales y tormentas devastadoras. Este entorno hostil está regido con puño de hierro por el "Kondukator", un dictador absoluto que ha construido un sistema social basado en el miedo, la burocracia asfixiante y una religión estatal que rinde culto al orden y a la resistencia contra los elementos. La sociedad de Damanuestra es una distopía grotesca, donde la arquitectura es tan opresiva como las leyes, y donde la individualidad ha sido aplastada en favor de una maquinaria estatal que busca controlar incluso lo incontrolable: el océano.
El equilibrio de este régimen se ve alterado por la aparición de un personaje enigmático: un joven de rostro liso, sin rasgos definidos, cuya apariencia recuerda a la superficie de la luna. Este protagonista, que no habla y cuya procedencia es un misterio absoluto, posee una capacidad asombrosa: puede influir en el comportamiento de las olas y sobrevivir a los embates del mar que para cualquier otro habitante de la isla resultarían mortales. Su mera existencia es un acto de rebelión involuntaria; al no poder ser clasificado, etiquetado ni controlado por la administración del Kondukator, Cara de Luna se convierte en el catalizador de un cambio profundo y caótico.
Narrativamente, Jodorowsky despliega sus temas habituales —la búsqueda de la iluminación, la crítica a las estructuras de poder y la exploración de lo sagrado—, pero lo hace con una contención que permite que la historia respire a través de la acción. No estamos ante un relato de superhéroes, sino ante una alegoría sobre la libertad y la naturaleza humana frente a la tiranía. El protagonista funciona como un espejo en el que los demás personajes proyectan sus miedos, sus ambiciones y sus esperanzas. Para unos es un mesías, para otros un demonio o una anomalía biológica que debe ser erradicada.
El apartado visual de François Boucq es, sencillamente, magistral. Su dibujo, caracterizado por un realismo detallado y una capacidad asombrosa para representar lo grotesco, dota a Damanuestra de una fisicidad tangible. Boucq logra que el lector sienta el peso del agua, la humedad de las celdas y la escala monumental de las olas que amenazan con devorar la civilización. Su diseño de personajes es rico en matices; desde la fealdad caricaturesca de los burócratas hasta la pureza visual del protagonista, cada trazo refuerza la atmósfera de extrañeza que impregna la obra. La arquitectura de la isla, con sus estructuras imposibles y su estética industrial decadente, es un personaje más en la trama.
*Cara de Luna* es también una reflexión sobre la comunicación y el silencio. En un mundo saturado de propaganda y discursos vacíos emitidos por el régimen, el silencio del protagonista es su arma más poderosa. Su falta de rostro no es una carencia, sino una invitación a la interpretación y una ruptura con la identidad impuesta por el Estado. A medida que la trama avanza, el conflicto entre la rigidez del Kondukator y la fluidez de Cara de Luna escala hasta alcanzar proporciones épicas, donde el destino de la isla se decide no solo en el ámbito político, sino en el espiritual.
En resumen, este cómic es una pieza fundamental para entender la evolución de la historieta adulta europea. Es una obra densa, visualmente impactante y temáticamente ambiciosa que invita a múltiples lecturas. Sin recurrir a los tropos habituales de la ciencia ficción o la fantasía tradicional, Jodorowsky y Boucq construyen un universo propio, coherente en su locura, que permanece en la memoria del lector mucho después de haber cerrado el álbum. Es, en esencia, una fábula moderna sobre el poder de la naturaleza y la fragilidad de las estructuras humanas frente a lo inexplicable.