La llegada del segundo volumen de La Espada Salvaje de Conan, bajo el sello de Kiliam Editorial, supone la consolidación de un proyecto de recuperación histórica destinado a los paladares más exigentes del noveno arte. Esta edición no es simplemente una recopilación de historietas; es un ejercicio de preservación de la etapa más cruda, adulta y artísticamente ambiciosa del cimmerio creado por Robert E. Howard. En este tomo, el lector se sumerge en el corazón de la Era Hiboria, alejándose de las restricciones que el Comics Code Authority imponía a las publicaciones seriadas de la época, permitiendo que la violencia, el erotismo sutil y el horror cósmico fluyan con la libertad que la prosa original de Howard demandaba.
El contenido de este volumen se centra en la transición de Conan de un joven bárbaro a un mercenario curtido, explorando los rincones más oscuros de los reinos civilizados y las tierras salvajes que los rodean. La narrativa, orquestada principalmente por un Roy Thomas en la cúspide de su carrera, demuestra un respeto reverencial por el material original. Thomas no solo adapta relatos clásicos, sino que expande el lore de la Era Hiboria con una coherencia interna que convirtió a esta cabecera en la biblia del género de Espada y Brujería. En estas páginas, el guion se aleja de los tropos infantiles para abrazar una filosofía existencialista donde la supervivencia es el único valor absoluto y la civilización es vista a menudo como una capa de barniz corrupto sobre la verdadera naturaleza humana.
El apartado visual es, sin lugar a dudas, el pilar sobre el que se asienta la leyenda de este volumen. La elección del blanco y negro no es accidental ni una limitación técnica de la época, sino una decisión estética que potencia la atmósfera de los relatos. El trabajo de John Buscema, a menudo entintado por maestros como Alfredo Alcala, alcanza aquí niveles de maestría anatómica y narrativa difíciles de igualar. Buscema define la imagen definitiva de Conan: un coloso de músculos tensos, mirada melancólica y movimientos felinos. El uso del claroscuro, las texturas orgánicas de los paisajes y la minuciosidad en el diseño de armas y arquitecturas antiguas dotan a cada viñeta de una profundidad casi pictórica. La ausencia de color permite apreciar la fuerza del trazo y la complejidad de las composiciones, donde cada sombra parece esconder un peligro ancestral.
En este segundo volumen, las tramas se vuelven más densas y los conflictos más personales. Conan se enfrenta no solo a monstruosidades físicas —fruto de la magia negra o de eras geológicas olvidadas— sino también a la traición política y a la fragilidad de las alianzas humanas. El lector encontrará relatos que funcionan como crónicas de guerra, thrillers de intriga palaciega y odiseas de supervivencia en desiertos y montañas. La estructura de las historias en formato "magazine" permite un desarrollo más pausado, con capítulos más extensos que los del cómic convencional, lo que facilita una inmersión total en la psicología del protagonista y en la construcción de un mundo que se siente vivo, antiguo y peligroso.
La edición de Kiliam destaca por su compromiso con la calidad técnica. El proceso de restauración de los materiales originales asegura que los negros sean profundos y los detalles de las tramas mecánicas se mantengan nítidos, evitando el empastamiento que a menudo sufrían las ediciones antiguas. El papel seleccionado y el formato de gran tamaño hacen justicia al arte de Buscema y sus colaboradores, permitiendo que el lector aprecie la escala épica de las batallas y la expresividad de los rostros.
En definitiva, La Espada Salvaje de Conan Vol. 2 por Kiliam es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de fantasía heroica. Es el testimonio de una época en la que el talento de los mejores autores de la industria se unió para elevar un género a menudo menospreciado a la categoría de arte mayor. Para el coleccionista, representa la oportunidad de poseer la versión definitiva de unas historias que definieron el canon del bárbaro más famoso de la literatura y el cómic, presentadas con la sobriedad y el respeto que un material de esta envergadura merece. Sin artificios innecesarios, este volumen deja que la fuerza del acero y la oscuridad de la magia hablen por sí solas.