Alix – La Odisea de Alix

Dentro del vasto panorama del cómic franco-belga, la figura de Alix Gracchus se erige como uno de los pilares fundamentales de la denominada "línea clara". Creado originalmente por Jacques Martin en 1948, este joven galo adoptado por la nobleza romana ha recorrido el mundo antiguo sirviendo como testigo y protagonista de los grandes hitos del siglo I a.C. Sin embargo, en el álbum titulado *La Odisea de Alix* (volumen 41 de la serie regular), la narrativa da un giro fascinante al entrelazar la precisión histórica característica de la serie con la mitología clásica más pura.

La trama de este volumen, escrito por David B. e ilustrado por Giorgio Albertini, sitúa a Alix y a su inseparable compañero Enak en las costas de Ítaca. Lo que comienza como una misión diplomática y de exploración se transforma rápidamente en un viaje introspectivo y épico que rinde homenaje a la obra de Homero. La premisa arranca cuando los protagonistas se encuentran con un anciano misterioso que afirma ser el último descendiente directo de Ulises. Este encuentro no es casual; el hombre custodia un secreto que podría cambiar la percepción de la historia griega y romana, y solicita la ayuda de Alix para recuperar un legado perdido que ha permanecido oculto desde el fin de la Guerra de Troya.

A diferencia de otras entregas donde el conflicto es puramente político o militar, *La Odisea de Alix* se sumerge en una atmósfera onírica y melancólica. El guion de David B. aprovecha la geografía del Mediterráneo para recrear los escenarios que recorrió el rey de Ítaca, pero bajo el prisma del realismo histórico que define a la franquicia. Alix y Enak deben navegar por aguas que parecen habitadas por los fantasmas del pasado, enfrentándose no solo a peligros tangibles —como piratas y facciones locales que buscan el tesoro de Ulises— sino también a la carga simbólica de los mitos. El relato explora la idea del "regreso" (el *nostos* griego), planteando si es posible volver realmente a casa después de haber visto los horrores y las maravillas del mundo.

En el apartado visual, Giorgio Albertini realiza un trabajo de documentación exhaustivo. Su estilo respeta escrupulosamente el canon estético establecido por Jacques Martin, pero aporta una sensibilidad moderna en el uso de las sombras y la composición de las páginas. Las reconstrucciones de los palacios micénicos en ruinas y las naves romanas son de una precisión arqueológica asombrosa, lo que permite al lector sumergirse en la Antigüedad con una veracidad casi tangible. La paleta de colores refuerza esa dualidad entre la luz cegadora del sol mediterráneo y la oscuridad de las cuevas y los templos olvidados donde se desarrolla parte de la acción.

Sin caer en el spoiler, es fundamental destacar que este cómic funciona como un puente entre la historia documentada y la leyenda. Alix, siempre racional y pragmático, se ve obligado a cuestionar sus propias creencias al enfrentarse a situaciones que rozan lo sobrenatural, aunque la obra siempre mantiene una explicación plausible que respeta el tono de la serie. La relación entre Alix y Enak también recibe un tratamiento profundo; su lealtad mutua es el ancla que les permite navegar por un entorno donde la traición y la ambición parecen ser las únicas leyes vigentes.

*La Odisea de Alix* no es solo una aventura de capa y espada en la Antigua Roma; es una reflexión sobre la memoria, el peso de los ancestros y la construcción de los mitos. Para el lector veterano, supone un regreso a las raíces del personaje con una frescura narrativa renovada

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