*The Red Mother*, publicada por la editorial BOOM! Studios, es una de las obras más inquietantes y sofisticadas del horror contemporáneo en el mundo del noveno arte. Escrita por Jeremy Haun (*The Beauty*) e ilustrada por Danny Luckert (*Regression*), esta serie limitada se aleja de los tropos convencionales del género para sumergir al lector en una pesadilla psicológica donde el trauma personal y lo sobrenatural se entrelazan de manera indisoluble. La obra no busca el susto fácil, sino que construye una atmósfera de pavor creciente basada en la distorsión de la percepción y el aislamiento emocional.
La premisa nos presenta a Daisy McDonough, una joven cuya vida parece estar en un momento de plenitud. Sin embargo, todo cambia de forma drástica y violenta durante una noche aparentemente ordinaria en la ciudad de Nueva York. Mientras camina a casa con su novio, Luke, ambos son víctimas de un asalto repentino y brutal en un callejón oscuro. El ataque no solo resulta en la misteriosa desaparición de Luke, sino que deja a Daisy con una herida física devastadora: pierde su ojo derecho. Este evento traumático actúa como el catalizador de la historia, marcando el fin de su antigua realidad y el comienzo de una nueva existencia marcada por el vacío, tanto físico como emocional.
A medida que Daisy intenta reconstruir su vida, el cómic se centra en su proceso de recuperación. Tras recibir una prótesis ocular, la protagonista intenta retomar su carrera como artesana de rompecabezas y mudarse a un nuevo apartamento para dejar atrás los recuerdos del ataque. No obstante, la curación física no garantiza la paz mental. Es aquí donde *The Red Mother* introduce su elemento más perturbador: Daisy comienza a ver cosas que no deberían estar allí. A través de su ojo perdido —o quizás a través de la prótesis que lo reemplaza— empieza a percibir un mundo teñido de un rojo intenso y visceral. En los márgenes de su visión, una figura imponente y aterradora, la entidad que da nombre al título, comienza a manifestarse de forma cada vez más persistente.
El guion de Jeremy Haun destaca por su manejo magistral del ritmo. La narrativa es un "slow-burn" (fuego lento) que prioriza el desarrollo del estado mental de Daisy sobre la acción frenética. El lector acompaña a la protagonista en su duda constante: ¿son estas visiones una manifestación del trastorno de estrés postraumático y el duelo por la pérdida de Luke, o hay una fuerza antigua y malévola reclamando su lugar en nuestra realidad? Esta ambigüedad mantiene la tensión durante toda la obra, convirtiendo lo cotidiano —una cena de trabajo, una caminata por la calle o el simple acto de mirarse al espejo— en algo profundamente siniestro.
El apartado visual de Danny Luckert es fundamental para el éxito de la propuesta. Su estilo es limpio, detallado y aparentemente inofensivo, lo que genera un contraste escalofriante cuando los elementos de horror irrumpen en la viñeta. El uso del color es, como sugiere el título, el eje central de la estética del cómic. Luckert emplea una paleta de colores urbanos y apagados para la vida diaria de Daisy, que estalla en rojos saturados y opresivos cuando lo sobrenatural se hace presente. Esta técnica no solo guía la mirada del lector, sino que transmite la sensación de invasión que sufre la protagonista; el rojo no es solo un color, es una presencia que lo devora todo.
*The Red Mother* es, en última instancia, una exploración sobre la fragilidad de la psique humana ante la tragedia. La obra utiliza el horror cósmico y sobrenatural como una metáfora de cómo el trauma puede reescribir nuestra percepción del mundo, aislándonos de los demás y obligándonos a mirar hacia un abismo que, inevitablemente, termina devolviéndonos la mirada. Es una lectura esencial para quienes buscan un cómic de terror que privilegie la atmósfera, el simbolismo y la profundidad psicológica por encima de los clichés del género. Sin recurrir a explicaciones apresuradas, Haun y Luckert logran que el lector comparta la paranoia de Daisy, preguntándose si lo que vemos es realmente lo que existe, o si hay una realidad mucho más roja y hambrienta acechando justo detrás de nuestros párpados.