Publicado en mayo de 1996, el crossover "Star Trek / X-Men" representa uno de los hitos más curiosos y ambiciosos de la industria del cómic de los años noventa. Este ejemplar único (*one-shot*), fruto de una colaboración entre Marvel Comics y Paramount Pictures, fue escrito por Scott Lobdell y dibujado por un equipo de artistas de primer nivel, incluyendo a Marc Silvestri, Billy Tan y Anthony Winn. La obra no solo es un ejercicio de nostalgia, sino un intento técnico de fusionar dos de las mitologías más ricas y complejas de la cultura popular: la ciencia ficción optimista de Gene Roddenberry y el drama evolutivo de los mutantes de Marvel.
La trama se sitúa cronológicamente en dos puntos específicos para cada franquicia. Por un lado, tenemos a la tripulación original de la USS Enterprise (NCC-1701) liderada por el Capitán James T. Kirk, en plena misión de exploración. Por otro, encontramos a la alineación de los X-Men de mediados de los 90, compuesta por personajes como Cíclope, Lobezno (Wolverine), Tormenta, Jean Grey, Bestia, Gambito y el Hombre de Hielo.
El motor de la historia es la persecución de una amenaza de nivel cósmico. Los X-Men se encuentran rastreando a Proteus, el mutante con la capacidad de alterar la realidad, quien ha logrado cruzar una brecha dimensional. Esta grieta no solo lo transporta a través del espacio, sino a través del tejido mismo de la realidad, depositándolo en el universo de Star Trek. Los X-Men, utilizando tecnología de los Shi'ar, logran seguir su rastro, apareciendo de forma abrupta en las inmediaciones de la Enterprise.
El conflicto inicial surge del choque de protocolos. La Enterprise detecta una nave desconocida con firmas energéticas imposibles, lo que lleva a un primer contacto tenso pero fascinante. Sin embargo, el verdadero peligro se manifiesta cuando Proteus, en su búsqueda de un anfitrión lo suficientemente poderoso para contener su esencia, localiza los restos energéticos de Gary Mitchell en la Barrera Galáctica. Mitchell, un antiguo amigo de Kirk que desarrolló poderes divinos antes de morir (visto en el segundo piloto de la serie original, "Where No Man Has Gone Before"), se convierte en el catalizador perfecto. La fusión de la voluntad destructiva de Proteus con el poder residual de Mitchell crea una entidad capaz de reescribir la galaxia a su antojo.
Lo que hace que este cómic destaque para el lector experto no es solo la acción, sino la interacción de los arquetipos. Lobdell aprovecha la oportunidad para emparejar a personajes con sensibilidades similares o contrastantes. El encuentro entre el Dr. Leonard McCoy y la Bestia (Hank McCoy) es un deleite de tecnicismos médicos y humor seco, subrayado por el hecho de que ambos comparten apellido y una naturaleza intelectual. Del mismo modo, el duelo táctico y filosófico entre el Capitán Kirk y Cíclope ofrece una visión sobre el liderazgo bajo presión.
Uno de los momentos más recordados por los aficionados es el enfrentamiento físico y mental entre Spock y Lobezno. La lógica vulcaniana se enfrenta al instinto animal del mutante, resultando en una de las demostraciones más icónicas del "pellizco vulcano" en la historia del medio. A medida que la amenaza de Proteus-Mitchell crece, las barreras de desconfianza se disuelven, dando paso a una colaboración científica y militar. Los X-Men aportan su experiencia en el combate contra entidades de alteración de la realidad, mientras que la tripulación de la Enterprise proporciona la infraestructura tecnológica y el conocimiento del entorno espacial necesario para contener la anomalía.
Visualmente, el cómic refleja la estética recargada y dinámica de la era Image/Marvel de los 90. El diseño de los personajes de Star Trek se mantiene fiel a los actores originales (Shatner, Nimoy, Kelley), pero con el filtro de energía y musculatura propio del estilo de Marc Silvestri. Los escenarios espaciales son grandiosos, capturando la inmensidad del vacío y la sofisticación de la Enterprise frente a los poderes elementales de Tormenta o las ráfagas ópticas de Cíclope.
En resumen, "Star Trek / X-Men" es una pieza de coleccionista que logra evitar los tropos más perezosos de los crossovers comerciales. En lugar de limitarse a una pelea sin sentido entre héroes, construye un puente narrativo sólido basado en la exploración de lo desconocido y la aceptación de lo diferente, temas centrales en ambas franquicias. Es una lectura esencial para entender cómo dos universos aparentemente incompatibles pueden encontrar un terreno común a través de la ciencia ficción y el heroísmo clásico.