*Pacifik*, la obra del autor quebequense Martin Piche, es una de las propuestas más inquietantes y lúcidas de la narrativa secuencial contemporánea. Publicada originalmente por Éditions Pow Pow, esta novela gráfica se aleja de los convencionalismos del género de aventuras para adentrarse en los terrenos del thriller psicológico y la sátira sociopolítica, utilizando como escenario un entorno tan fascinante como aterrador: el crucero más grande y lujoso jamás construido por la humanidad.
La trama nos sitúa a bordo del *Pacifik*, una mole de acero y opulencia diseñada para ser una ciudad flotante autosuficiente. En un mundo exterior que se intuye al borde del colapso —ya sea por crisis climáticas, económicas o sociales—, el barco se presenta como el último refugio de la élite global. Es un ecosistema cerrado donde el confort es absoluto y las preocupaciones mundanas han sido erradicadas mediante la tecnología y el servicio impecable. Sin embargo, lo que comienza como el viaje inaugural de una utopía náutica pronto empieza a transformarse en una experiencia asfixiante.
Desde el punto de vista narrativo, Piche opta por un enfoque clínico y observacional. No se pierde en presentaciones farragosas de personajes, sino que permite que el lector descubra la jerarquía del barco a través de sus espacios y de las interacciones, a menudo gélidas, entre sus ocupantes. El protagonista, cuya perspectiva guía al lector, se convierte en un testigo de la erosión moral que ocurre cuando un grupo humano es confinado en un espacio de lujo ilimitado pero con fronteras físicas infranqueables. El aislamiento oceánico actúa como un catalizador que despoja a los pasajeros de sus máscaras sociales, revelando las pulsiones más básicas y oscuras que subyacen bajo la superficie de la civilización.
Visualmente, *Pacifik* es una lección de minimalismo y control compositivo. El autor utiliza un estilo de línea clara, despojado de sombras innecesarias o texturas abigarradas, lo que refuerza la sensación de esterilidad y frialdad del entorno. El uso del blanco y negro no es solo una elección estética, sino una herramienta narrativa que acentúa la dicotomía entre el orden artificial del barco y el caos informe del océano que lo rodea. Las páginas están diseñadas con una precisión arquitectónica; los pasillos interminables, las cubiertas desiertas y los salones monumentales del crucero se sienten como personajes por derecho propio, capaces de empequeñecer a los seres humanos que los habitan.
El ritmo de la obra es un "slow burn" magistral. Piche no recurre a giros de guion efectistas ni a escenas de acción gratuitas. En su lugar, construye la tensión mediante la repetición, el silencio y la sutil alteración de la normalidad. La sensación de que "algo no va bien" impregna cada viñeta, pero el autor se cuida de no revelar la naturaleza del conflicto de forma inmediata. Es una exploración sobre la complacencia, la ceguera voluntaria de las clases privilegiadas y la fragilidad de las estructuras sociales cuando se enfrentan a lo desconocido o a lo inevitable.
*Pacifik* funciona como una metáfora mordaz de nuestra sociedad actual: un sistema que navega a toda máquina hacia un destino incierto, mientras sus ocupantes prefieren ignorar las grietas en el casco a cambio de mantener un estilo de vida insostenible. La obra evita dar lecciones morales directas, prefiriendo que sea el lector quien experimente la creciente claustrofobia de estar atrapado en un paraíso artificial que, poco a poco, empieza a parecerse a una prisión de alta seguridad.
En definitiva, este cómic es una pieza esencial para quienes buscan una lectura que desafíe la percepción y que utilice el lenguaje visual para transmitir una angustia existencial profunda. Martin Piche ha logrado crear una obra que, bajo una apariencia de limpieza y orden absoluto, esconde una crítica feroz a la deshumanización y al aislamiento del individuo moderno. *Pacifik* no es solo la crónica de un viaje por mar; es el retrato de un naufragio espiritual en medio de la abundancia.