En el panorama del cómic independiente estadounidense, pocas figuras resultan tan divisivas, irreverentes y deliberadamente caóticas como la creación de Jimmie Robinson para el sello Shadowline de Image Comics. Con la llegada de *Bomb Queen Vol. 5: The Divine Comedy*, la serie alcanza un punto de inflexión donde la sátira política y social, que siempre ha sido el motor de la obra, se eleva hacia una escala metafísica y teológica, sin perder un ápice de su crudeza característica.
Para entender este quinto volumen, es imprescindible situar al lector en el ecosistema de New Port City. Esta urbe no es simplemente un escenario; es un experimento social donde el crimen es legal y la moralidad es un delito castigado con la muerte. En el centro de este caos se encuentra Bomb Queen, una dictadora hedonista, narcisista y letal que ha logrado mantener su soberanía eliminando a cualquier superhéroe que ose imponer el orden. Sin embargo, en *The Divine Comedy*, la Reina no se enfrenta a un vigilante con mallas, sino a una amenaza mucho más insidiosa para su estilo de vida: la esperanza y la fe religiosa.
La trama de este volumen se dispara cuando Bomb Queen percibe que su control sobre la población de New Port City flaquea. El motivo no es una revuelta armada, sino un resurgimiento de la espiritualidad entre los ciudadanos. Para un personaje que basa su poder en el nihilismo y la depravación, la idea de que sus súbditos busquen la redención o crean en un "bien superior" es una declaración de guerra. Fiel a su estilo de no dejar piedra sobre piedra, la Reina decide que la única forma de erradicar la religión es atacando directamente su fuente.
Inspirándose libremente en la estructura de la *Divina Comedia* de Dante Alighieri, Robinson embarca a su protagonista en un viaje surrealista que la lleva a cruzar las fronteras de la realidad física. Bomb Queen se propone invadir el mismísimo Infierno y, posteriormente, el Cielo, con el objetivo de aniquilar a las deidades y figuras espirituales que inspiran a su pueblo. Lo que sigue es una odisea de violencia hiperbólica donde la protagonista utiliza su arsenal de explosivos y su total falta de escrúpulos para enfrentarse a entidades que operan más allá de la comprensión humana.
Desde el punto de vista narrativo, este volumen destaca por cómo utiliza la parodia para diseccionar las instituciones religiosas y la hipocresía social. Robinson no se limita a mostrar explosiones; utiliza el viaje de la Reina para cuestionar la naturaleza del castigo eterno y la recompensa divina, siempre bajo el prisma deformante de una protagonista que es, por definición, una villana absoluta. No hay un arco de redención aquí; Bomb Queen no viaja por el inframundo para aprender una lección, sino para demostrar que su voluntad de hierro y su maldad pura pueden someter incluso a las fuerzas del más allá.
Visualmente, el trabajo de Jimmie Robinson en este tomo mantiene su estética distintiva: un dibujo de líneas limpias pero cargado de detalles grotescos y una sexualización exagerada que funciona como una crítica mordaz a los tropos del cómic de superhéroes convencional. El diseño de los distintos niveles del más allá es creativo y perturbador, alejándose de las representaciones clásicas para ofrecer una visión que encaja perfectamente con el tono cínico de la serie.
*Bomb Queen Vol. 5* es, en esencia, un choque de trenes entre el autoritarismo criminal y el dogma espiritual. Es un volumen que expande el lore del personaje, sacándola de su zona de confort urbana para situarla en un escenario cósmico donde sus tácticas habituales de terrorismo y manipulación mediática adquieren una nueva dimensión. Para el lector que busca una obra que desafíe los límites del buen gusto mientras ofrece una reflexión ácida sobre el control de las masas, este arco argumental representa la culminación de la filosofía anárquica que Robinson ha cultivado desde el primer número. Es una lectura densa en subtexto, pero directa en su ejecución, consolidando a Bomb Queen como uno de los "anti-iconos" más persistentes del cómic contemporáneo.