Raise the Dead Vol2

Raise the Dead Vol. 2, publicada por Dynamite Entertainment, representa la consolidación de una de las propuestas más viscerales y crudas dentro del saturado género de los no-muertos en el noveno arte. Escrita por el equipo creativo compuesto por Leah Moore y John Reppion, y contando con el arte detallado de Guiu Vilanova, esta secuela directa expande el universo de horror establecido en la primera entrega, alejándose de los clichés más optimistas para sumergirse en una narrativa de supervivencia pura y desesperación sistémica.

La trama se sitúa en un mundo que ya ha cruzado el punto de no retorno. La plaga zombi no es una novedad, sino una realidad cotidiana y devastadora que ha desmantelado las estructuras sociales, gubernamentales y morales de la humanidad. Mientras que el primer volumen se centraba en el estallido inicial y el caos inmediato, el Volumen 2 adopta una perspectiva más introspectiva y sombría, enfocándose en las secuelas a largo plazo y en la búsqueda de un propósito en un planeta que parece haber rechazado la vida humana.

El guion de Moore y Reppion se estructura en torno a un grupo de supervivientes que, tras los traumáticos eventos de la entrega anterior, intentan encontrar un santuario que no solo ofrezca protección física, sino también una base científica para comprender la naturaleza de la infección. La historia nos traslada a instalaciones que prometen ser el último bastión de la civilización, pero que rápidamente se revelan como entornos cargados de una tensión asfixiante. Aquí, el conflicto no solo proviene de las hordas de muertos que arañan las puertas, sino de las fracturas internas, los secretos científicos y la erosión de la ética médica en tiempos de crisis extrema.

Uno de los puntos fuertes de este volumen es el tratamiento de los antagonistas y la amenaza zombi. Los autores evitan tratar a los no-muertos como simples elementos de fondo o carne de cañón. En *Raise the Dead Vol. 2*, la amenaza es constante y evolutiva. Se explora la degradación biológica de los cuerpos y la persistencia del virus, sugiriendo que la naturaleza misma está reclamando su lugar a través de esta plaga. La atmósfera es de un nihilismo contenido; hay una sensación perenne de que cada victoria es temporal y cada refugio es una tumba en potencia.

En el apartado visual, Guiu Vilanova realiza un trabajo excepcional al capturar la decrepitud del entorno. Su estilo se caracteriza por un realismo sucio que enfatiza la textura de la putrefacción y la desolación de los paisajes urbanos abandonados. El diseño de los zombis es variado y perturbador, alejándose de representaciones genéricas para ofrecer visiones de horror corporal que refuerzan la seriedad del tono narrativo. La narrativa visual es fluida, con un uso inteligente de las sombras y la composición de página para generar sobresaltos y mantener un ritmo de lectura ágil pero denso en detalles.

Temáticamente, el cómic profundiza en la deshumanización. A medida que los recursos escasean, los protagonistas se ven obligados a cuestionar qué parte de su humanidad están dispuestos a sacrificar para sobrevivir. La obra plantea dilemas morales complejos sobre la experimentación, el sacrificio del individuo en pos del bien común y la validez de la esperanza en un escenario de extinción inminente. No hay héroes impecables en esta historia;

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