Vacaciones fatales

Vacaciones fatales no es solo una continuación de las peripecias de uno de los personajes más icónicos del cómic underground español, sino que representa la consolidación de Max (Francesc Capdevila) como uno de los narradores más dotados y camaleónicos de la historieta europea. Publicado originalmente por entregas en la mítica revista *El Víbora* y recopilado posteriormente en álbum por Ediciones La Cúpula en 1986, este cómic retoma el universo de Peter Pank, esa versión anárquica, violenta y punk del personaje de J.M. Barrie que Max ya había presentado con éxito rotundo años atrás.

La premisa de la obra sitúa a Peter Pank y su banda de los Niños Perdidos en un escenario radicalmente distinto al entorno urbano y asfixiante de la primera entrega. Tras las tensiones acumuladas, el grupo decide emprender un viaje hacia una isla tropical en busca de descanso y evasión. Sin embargo, bajo la apariencia de un paraíso exótico, se esconde un ecosistema social tan fragmentado y hostil como el que dejaron atrás. La obra funciona como una sátira mordaz sobre el turismo, el choque de subculturas y la imposibilidad de encontrar un refugio idílico en un mundo dominado por el cinismo.

Desde el punto de vista narrativo, *Vacaciones fatales* destaca por su estructura coral. Aunque Peter Pank sigue siendo el eje gravitacional, Max otorga un peso significativo a los personajes secundarios y a las diversas facciones que habitan la isla. En este microcosmos, el autor despliega una parodia feroz de los arquetipos de la cultura popular y juvenil de los años 80. Encontramos a las "Sirenitas", que aquí se presentan como una comunidad con sus propias dinámicas y peligros; a los "Rockers", que mantienen su eterna rivalidad con los punks; y a otras tribus urbanas desplazadas a un entorno selvático que acentúa lo absurdo de sus conflictos.

El guion se aleja de la linealidad simple para ofrecer una sucesión de situaciones que oscilan entre el humor negro, la crítica social y la aventura lisérgica. Max utiliza el viaje de los protagonistas para diseccionar la decadencia de los ideales de rebelión. Los personajes no buscan la libertad en un sentido filosófico, sino una gratificación inmediata que choca frontalmente con la realidad de la isla. La violencia, rasgo distintivo de la serie, se trata aquí con una mezcla de crudeza y estilización que evita el realismo sucio para abrazar una estética casi de dibujo animado perverso.

En el apartado visual, *Vacaciones fatales* marca un punto de inflexión en la carrera de Max. Es aquí donde el autor abraza plenamente la influencia de la "línea clara" franco-belga (con Hergé y Joost Swarte como referentes obvios), pero la subvierte para ponerla al servicio de la "línea chunga" española. El dibujo es extremadamente limpio, preciso y elegante, con una composición de página impecable que facilita una lectura fluida. Este contraste entre la pulcritud del trazo y la sordidez o violencia de lo que se narra es una de las mayores virtudes del cómic. El uso del color es vibrante y contribuye a esa atmósfera de falso paraíso que impregna toda la obra.

La importancia de este cómic reside en su capacidad para capturar el espíritu de una época —la España de la transición y la explosión de la Movida— sin quedar anclado exclusivamente en ella. Aunque las referencias estéticas son puramente ochenteras, los temas que trata (la alienación juvenil, la comercialización del ocio y la agresividad inherente a los grupos cerrados) mantienen una vigencia sorprendente. *Vacaciones fatales* es, en definitiva, una obra fundamental para entender la evolución del cómic adulto en España, demostrando que la sátira más feroz puede ir de la mano de un virtuosismo técnico excepcional. Es una lectura obligatoria para quienes busquen un cómic que desafíe las convenciones de la aventura clásica mediante el uso de la ironía y una estética vanguardista.

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