Wicked Things

Wicked Things es una miniserie de seis números publicada por el sello BOOM! Box de BOOM! Studios, que reúne al aclamado equipo creativo responsable del éxito de crítica y público *Giant Days*: el guionista John Allison, la dibujante Max Sarin y la colorista Whitney Cogar. Aunque funciona como una obra independiente, la historia se sitúa dentro del mismo universo narrativo, recuperando a uno de los personajes más carismáticos y peculiares de las obras previas de Allison: Charlotte «Lottie» Gribbs.

La trama se centra en Lottie Gribbs, quien, tras haber pasado su infancia y adolescencia resolviendo misterios locales como una suerte de niña prodigio de la deducción, se encuentra ahora en el umbral de la edad adulta. A sus diecinueve años, Lottie está en ese limbo vital donde la brillantez de su pasado como detective juvenil choca con las incertidumbres de un futuro académico y profesional incierto. La historia arranca cuando Lottie recibe una invitación para asistir a una prestigiosa gala en Londres, donde ha sido nominada a un premio en los «International Teen Detective Awards». Lo que debería ser el reconocimiento definitivo a su carrera como investigadora amateur se convierte rápidamente en una pesadilla legal y criminal.

El conflicto principal estalla cuando, durante la estancia en el hotel donde se celebra el evento, uno de los asistentes —un detective rival— es atacado y dejado en estado crítico. Debido a una serie de circunstancias desafortunadas y pruebas circunstanciales, Lottie pasa de ser la invitada de honor a la principal sospechosa de intento de asesinato. Sin recursos, lejos de su hogar y enfrentándose a un sistema judicial que no entiende de nostalgias por sus antiguos éxitos, Lottie se ve obligada a aceptar un trato inusual para evitar la cárcel: colaborar con la policía de Londres (Scotland Yard) para resolver el caso y limpiar su nombre.

Desde un punto de vista narrativo, *Wicked Things* es un ejercicio brillante de género *whodunit* (¿quién lo hizo?) filtrado por la sensibilidad del humor británico contemporáneo. John Allison utiliza la premisa del detective juvenil que crece para explorar la desmitificación del género. A diferencia de las novelas clásicas de misterio donde el detective siempre tiene el control, Lottie se encuentra superada por la burocracia policial, la falta de medios y la hostilidad de un entorno adulto que no la toma en serio. La obra disecciona el tropo del «niño detective» enfrentándolo a las consecuencias reales de la ley y la violencia.

El apartado visual de Max Sarin es fundamental para el tono de la obra. Sarin posee una capacidad excepcional para la narrativa física y la expresividad facial, lo que permite que el cómic transite con fluidez entre el drama del suspense y la comedia de situación. El diseño de personajes es distintivo, y la puesta en escena de Londres se siente vibrante y llena de vida, alejándose de los clichés sombríos para abrazar una paleta de colores dinámica que refuerza la energía caótica de la protagonista. La química visual entre el dibujo de Sarin y los colores de Whitney Cogar aporta una calidez que contrasta con la gravedad de los crímenes que se investigan.

A lo largo de sus páginas, el cómic también explora la dinámica de «pez fuera del agua». Lottie debe aprender a trabajar bajo la supervisión de profesionales que desprecian sus métodos intuitivos y, a menudo, imprudentes. Esta fricción genera gran parte del desarrollo de personajes, obligando a Lottie a madurar a marchas forzadas mientras intenta descifrar una conspiración que parece ser mucho más profunda de lo que un simple ataque por celos profesionales sugeriría.

En resumen, *Wicked Things* es una propuesta imprescindible para los amantes del misterio que buscan algo más que una resolución ingeniosa. Es una historia sobre el fin de la inocencia, la transición a la madurez y la persistencia del intelecto frente a la adversidad. Allison y Sarin logran construir un relato autoconclusivo que expande su universo compartido, manteniendo la agudeza en los diálogos y la profundidad emocional que los caracteriza, sin perder nunca de vista el núcleo de la intriga criminal que mantiene al lector intentando encajar las piezas del rompecabezas hasta la última página.

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