DAN DARE – Memorias #01-04

Dan Dare: Memorias (título que recoge la miniserie de 2008 escrita por Garth Ennis y dibujada por Gary Erskine) representa una de las aproximaciones más lúcidas y respetuosas, a la par que crudas, de uno de los iconos fundamentales de la ciencia ficción británica. Creado originalmente por Frank Hampson en 1950 para la revista *Eagle*, Dan Dare fue durante décadas el epítome del heroísmo flemático, la rectitud moral y el optimismo tecnológico de la posguerra. Sin embargo, en esta obra, Ennis traslada al "Piloto del Futuro" a un contexto crepuscular donde los ideales del pasado chocan frontalmente con una realidad política y social degradada.

La trama de estos cuatro números se sitúa varios años después de las aventuras clásicas. En este escenario, el Reino Unido ha dejado de ser una potencia espacial para convertirse en una nación sumida en la complacencia y el declive político. Dan Dare, el héroe que salvó a la Tierra en innumerables ocasiones, vive ahora un retiro voluntario en el campo, alejado de una flota que ya no reconoce y de un gobierno que considera cínico y carente de visión. Esta versión de Dare es la de un hombre fuera de su tiempo, un símbolo de una era de integridad que parece haber desaparecido en favor del pragmatismo político y la burocracia.

El conflicto se desencadena cuando una amenaza masiva surge desde el espacio profundo, poniendo en jaque las defensas terrestres, que se revelan insuficientes y obsoletas. No se trata de un enemigo desconocido, sino del regreso de los Treens y, por extensión, de la némesis definitiva de Dare: el Mekon. Ante la inminencia del exterminio, el gobierno británico se ve obligado a recurrir al único hombre capaz de infundir esperanza y liderazgo, aunque ello suponga enfrentarse a la incómoda verdad de que el mundo que Dare juró proteger ya no existe de la misma forma.

Garth Ennis, conocido por su estilo subversivo en obras como *The Boys* o *Preacher*, sorprende aquí con un tono contenido y profundamente admirativo hacia la figura del protagonista. Aunque no renuncia a su habitual crítica hacia la incompetencia de las esferas de poder, el guionista trata a Dan Dare con una solemnidad casi religiosa. El autor utiliza la historia para reflexionar sobre qué significa ser un héroe en un mundo que ha perdido la brújula moral. La narrativa no busca deconstruir al personaje para destruirlo, sino para reafirmar su relevancia: Dare sigue siendo el eje inamovible de decencia en un universo que se ha vuelto gris.

En el apartado visual, Gary Erskine realiza un trabajo excepcional al equilibrar la estética retro-futurista original con un realismo moderno y detallado. El diseño de las naves, los uniformes y la tecnología respeta la herencia de Hampson, pero bajo una pátina de desgaste y funcionalidad que ancla la historia en una ciencia ficción más madura. La caracterización física de un Dan Dare envejecido, pero aún imponente, refuerza la idea de la leyenda que se resiste a desvanecerse. El uso del color y la composición de las escenas espaciales logran transmitir la escala épica del enfrentamiento sin perder el enfoque humano de los personajes secundarios, como el fiel Digby o la profesora Peabody, cuyas dinámicas con Dare han evolucionado hacia una madurez teñida de melancolía.

La miniserie se estructura como un viaje de redención, no para el héroe, sino para la humanidad que lo rodea. A través de los cuatro números, el lector asiste a una escalada de tensión donde la estrategia militar y la resolución ética tienen tanto peso como las batallas espaciales. Ennis evita los giros de guion gratuitos para centrarse en la construcción de una atmósfera de asedio inminente.

Dan Dare: Memorias es, en definitiva, una obra esencial para entender la transición del cómic de aventuras clásico hacia la narrativa contemporánea. Funciona como un cierre temático y un homenaje a una forma de entender el heroísmo que, aunque parezca olvidada, resulta necesaria cuando las sombras acechan. Es una historia sobre el peso del legado, la responsabilidad del mando y la persistencia de los principios frente a la decadencia del entorno. Sin necesidad de recurrir a la violencia gráfica extrema o al cinismo gratuito, Ennis y Erskine devuelven al Piloto del Futuro al lugar que le corresponde en el panteón de la historieta mundial.

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